Ayer se cumplieron los dos primeros años del gobierno Petro, desastroso desde donde se le mire. La percepción general es que, desde hoy, el tipo gobernará con el sol a las espaldas, y se mantiene la ilusión de que muy rápido pasarán los dos años faltantes. La parte mala es que no lo han interpretado, porque para él, ese ocaso ni siquiera ha comenzado, cumplió dos años en el trono, pero le faltan muchos más para ejecutar la tarea que se ha impuesto. Si bien para nosotros va muy rápido en sus propósitos de destrucción, para él aún le falta mucho, dos años más no le alcanzan, así que muy pronto intensificará su accionar destructivo, e iniciará su proceso de permanencia, no a través de terceros, ni mediante ningún proceso electoral, sino gobernando él mismo, como corresponde a su ego autocrático.
Petro tiene claro que para quedarse en el poder no podrá abiertamente contar con el Congreso, no importa que haya comprado algunas mayorías, a la hora de la verdad los comprados no le jalarán si no inventa vericuetos y disfraces más o menos presentables. Para eso tiene a Santos, a Samper, a Cristo el irredento, y a otros vericueteros similares que buscarán la manera de mimetizar el fondo de la cosa. Pero no es tarea fácil, todo el anti petrismo está pendiente de la mínima frase equívoca, de cualquier rendija que busque entreverar, la divulgarán y pondrán en aprietos y en pública evidencia a aquellos vendidos que quieran ponerse la piel de oveja, pues semejante boleta no la darán sino los abiertamente petristas como la senadora del Pacto y uno que otro desvergonzado que, fijo, no faltarán quienes se vendan, pero en rama y de una, porque tienen la certeza que no les cumplirán lo prometido.
Pero sería más difícil someterse a unas elecciones que, aunque monte las trampas de Maduro, tendría que inventar algo mucho más cuantioso, y por ende más sofisticado y complicado. Además, se dice que se está armando una especie de gavilla, se auto denominan “Ejército Democrático, al unísono todos o casi todos los líderes, con o sin curul, buscando armar un bloque para enfrentar al petrismo, jefes de partidos, desde Enrique Gómez, hasta Vargas Lleras, todos pendientes del sistema y de los intríngulis electoreros, el CNE los respaldaría. En fin, la tarea luce imposible.
Le tocará entonces a Petro acudir al temido “Estado de Excepción” donde podría, hasta que la Corte Constitucional se pronuncie al respecto, ignorar a todos los poderes y legislar y actuar para su permanencia, como si el sol estuviera en el cenit.
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