“Una vaca” propuso el presidente Uribe para contrarrestar el odio de Petro hacia la “antioqueñidad”, evidente en la negativa gubernamental de aportar dineros del presupuesto nacional para culminar obras civiles locales, de aquéllas que los paisas son expertos en exigir y en lograr que se les atienda, y que esta vez las dejan sin financiación.

Dado que izquierdosos y mamertos sueñan con Uribe, invariables pesadillas recurrentes y angustiantes que persisten aún estando despiertos, no pueden evitar aludirlo en cualquier expresión, así que de una salió el gobierno a cuestionar la legalidad de la “vaca”, y a oponerse.

Pero también de una salieron los paisas a apoyar la iniciativa y a aportar, no importa el monto, lo principal es todos aportar, respondiendo a su muy reconocida solidaridad y espíritu cívico, envidia de todo el país. Bien por los paisas. Habría que apelar al concepto de Gustavo Bell y de Alfonso Múnera, caribes ellos y únicos historiadores creíbles, para que analicen y nos cuenten desde qué era iniciaron nuestras abulias, indeterminación y falta de empuje, a diferencia de los paisas.

Es que toda “vaca” necesita pasto, léase unidad en la disposición para apoyar lo propio hasta con aporte económico. Se sabe que el pasto, para que brote, necesita tierra fértil y homogénea que por aquí seguro la hay, aunque lo que más aparezca sea el cadillo o el mancatigre.

Podría ser que se requiere un componente adicional por estos lares escaso, que lo hay que identificar y adquirir, pues no hemos sido eficaces en obtener atención para lo nuestro. ¿Imaginan la reacción de los paisas si pagaran la energía más cara del país? ¿Imaginan el rollo?

Uno que otro dirigente local se pronuncia, protesta, pero los miran como a aquellos “nísperos” de antaño, y nadie les para bolas, de pronto por aislados y esporádicos. ¿Es que no pesan? ¿No se hacen valorar? Mientras los paisas logran inversión para puentes, túneles, y costosas estructuras, desde hace años venimos inútilmente pidiendo que terminen la vía al mar, o la carretera a Ciénaga, o el Muelle de Puerto y su plataforma de atraque, obras líchigas que valen la vigésima parte de las que allá exigen y logran.

No sabemos unirnos; no sabemos exigir; no sabemos pararnos firmes todos a una; la tal bancada Caribe no cuenta; tampoco nuestros gremios locales. Ni hablar entonces de convocar “vacas” para nosotros mismos resolver nuestros problemas, porque las vacas necesitan pasto, y de eso por aquí no hay.

rzabarainm&hotmail.com