El Heraldo
Política

7 pecados capitales políticos

“7 pecados capitales políticos”, describe 7 pecados políticos cometidos por los políticos, explicados desde una perspectiva crítica fundamentada en principios de la teoría política, de aplicación en la política nacional e internacional.

1.- “Lujuria política”, se relaciona con el vicio del uso ilícito o el apetito de los deleites carnales; también con el exceso o demasía de alguna cosa. Sin duda, es un vicio, entendido como aquel producto de una mala calidad, defecto o daño físico en  las  cosas; representa la falta de rectitud o defecto moral en las acciones; la falsedad, yerro o engaño, en lo que se escribe o se propone; el hábito de obrar mal; el defecto o exceso que como propiedad o costumbre tienen algunos políticos, o que es común a una colectividad; el gusto especial o demasiado apetito por algo, que incita a usarlo frecuentemente y con exceso.

En “Lujuria Política” se encuentra el político que es proclive a la ilicitud. Es decir, a lo no permitido ni legal ni moralmente. Está presente, cuando el político tiene un impulso instintivo que se sale del orden o de la ley moral, que lo lleva a satisfacer deseos y necesidades de la propia carne, acompañado de actitudes de insolencia, descortesía y desafuero.

La “Lujuria política” no está exclusivamente relacionado con el desaforado apetito sexual, sino, que está íntimamente ligado con lo que los políticos perciben a través de sus 5 sentidos, sea para actuar en contra de la ley o para ser virtuosos excepcionalmente. 

2.- “Gula Política”, se relaciona con el exceso en la comida y la bebida, o el  apetito desordenado por beber y comer. Sin embargo, la literatura  indica que cualquier forma de exceso es considerada gula.

Universalmente la política se corresponde con el “comer y beber” en exceso de sus actores,  frente a grandes mayorías que no tiene como hacerlo. El verbo “comer” en política está definido según la RAE como: “gastar, consumir, desbaratar la hacienda, el caudal, etc”; seguidamente se ilustra con la frase; “Los administradores se lo han comido todo”.

Se trata entonces la “Gula Política” como el pecado capital político que consiste en un apetito atroz del político por la “mordida, voraz, excesivo y desordenado, por comer, morder, consumir, y desbaratar la hacienda pública, el fisco, que es sinónimo del erario, tesoro o dinero del pueblo; para todos los efectos es una conducta ejecutada inversamente proporcional al conglomerado social, mientras una élite política se enriquece la gran mayoría empobrece, entre tanto esa élite vive suntuosamente la sociedad sucumbe en la miseria. El político se hace elegir pensando en el presupuesto y calculando como llevárselo para la casa, creyendo que su elección le da patente para hacerlo sin tener que rendir cuentas.

3.- “Codicia política”, según la RAE la codicia consiste en un afán excesivo de riqueza. Es decir, que la “Codicia política”, se opone al trabajo político lícito que produce riqueza personal y bienestar social, se centra en actividades ilícitas, que pretenden pasar las riquezas públicas a los bolsillos de una élite corrupta en particular. Entonces, se censura los medios abyectos utilizados por políticos para amasar fortuna ilícita a costas de pueblo, es un pecado capital político que empobrece la nación y enriquece la élite política.

La “Codicia política”, tiene una condición patológica que lo hace particularmente adictiva, lo cual lo vincula con un pecado capital diametralmente opuesto a la normal motivación al logro que una persona promedio tiene en términos de progresar económicamente.  Es un mal hábito que lleva al político a creerse dueño de los bienes del Estado, con el deseo íntimo desaforado de querer llevárselo todo para su casa, en una actitud sin límites ni escrúpulos.

El problema de la “Codicia política”, estriba de un lado en ser un pecado capital político que soslaya la propiedad de los bienes públicos, entendidos como bienes de todos los connacionales, sagrados e inexpugnables. De otro lado, el actor de este pecado capital político ve su única oportunidad de obtener riqueza en los recursos del Estado.

4.- “Pereza política”, es la negligencia, flojedad, descuido, tardanza en las acciones o movimientos que tiene los políticos, incluidos los partidos, y organizaciones políticas.

La “Pereza política” consiste no solamente en el ausentismo parlamentario, pues está comprobado que algunos políticos en el mundo, contestan lista y al momento de votar conforme a sus intereses desaparecen o votan efectivamente. No, no se trata solamente de esa conducta, si no que caracteriza al político negligente, tedioso, descuidado, que puede pertenecer al legislativo como al ejecutivo, que incumple su función constitucional y legal de producir, reglamentar, gobernar, controlar, legislar o liderar la administración pública en beneficio del bien común.

La “Pereza política” se identifica también con el político flojo de pensamiento, improductivo, quien no habla, no propone, no se le conoce su voz en el foro político y su mayor característica es ser un político estéril en la presentación de proyectos o de ejecutorias que se traduzcan en la interpretación y solución de las necesidades sociales. También la padece por igual los políticos flojos, lentos o paquidérmicos en su capacidad de reacción frente a la exigencia de responder con prontitud a un problema social.

5.- “Ira Política”, ira es la pasión del alma, que causa indignación y enojo; apetito o deseo de venganza; furia o violencia de los elementos y repetición de actos de saña, encono o venganza. Dante en su obra La Divida Comedia, entiende la ira como una negación vehemente de la verdad, complementada con el resentimiento.

La “Ira Política”, se apropia del político que se llena de la ira que representa odio y violencia contra el adversario. No hay duda, la ira en el mundo representa un gran ingrediente de la actividad de los políticos, repartida a diestra y siniestra, entre contradictores.

El pecado capital de “Ira Política” caracteriza las campañas políticas por tener un alto ingrediente de percepción negativa del rival, el proselitismo busca sembrar el odio y la ira en sus militantes, emociones que les puede llevar inclusive peligrosamente a matar por una causa política.

La “Ira Política”, tiene por objeto perturbar las emociones del elector. De tal suerte, que su voto no sea producto de un estudio o reflexión sesuda respecto de la propuesta de gobierno, sino resultado de enervar sus emociones, particularmente las de: ira, odio, indignación, miedo o sed de venganza. Este pecado capital político hace presencia en todo el planeta produciendo violencia, sea física, moral o psicológica, circunstancia que atenta contra las libertades personales, políticas y sociales. Pecado político, explicado por la ciencia política como “voto de ira”, “voto castigo” o “voto negativo”, el votante lo hace como un voto “en contra de” y no “por”. Según Joseph Napolitan, “es más fácil conseguir que la gente vote en contra de alguien o algo, que lo haga a favor de algo o de alguien.”

El pecado político de “Ira Política” tiene una connotación interior pasional en la persona del político y su manifestación externa física, moral o psicológica mediada por la violencia.

6.- “Envidia política”, consiste en  la tristeza o pesar del bien ajeno; emulación, deseo de algo que no se posee un político. Para Miguel De Unamuno “la envidia es mil veces más terrible que el hambre, porque es hambre espiritual. Para Napoleón “la envidia es una declaración de inferioridad”. ¡Oh envidia, raíz de infinitos males carcoma de las virtudes!, exclamó Don Quijote de la Mancha.

El pecado capital de “Envidia política” es muy común en la actividad política del planeta. Los actores políticos sienten envidia de sus opositores, emulan posturas y estilos de liderazgo. Para la psiquiatría lo grave de la envidia  consiste en que el envidioso sufre una patología que se agudiza cuando su centro de vida lo constituye exclusivamente el logro del otro en desmedro de su propio impulso personal.

Es decir, en el pecado capital de “Envidia política”, el político en su diario acontecer, ocupa e invierte gran parte de su tiempo en descalificar al adversario, actúa con firme propósito de propiciar su fracaso dejando en segundo plano la autocrítica.

7.- La “Soberbia política” se relaciona con la altivez y apetito desordenado de ser preferido por otros. Por el envanecimiento y por la contemplación de las propias prendas con menosprecio de los demás que caracterizan al político. Al respecto, San Agustín, sentenció: “La soberbia no es grandeza sino hinchazón; y lo que esta hinchado parece grande pero no está sano”. Para Fernando Savater, “la soberbia es el valor antidemocrático por excelencia”.

Desde la psiquiatría el político soberbio se encuentra afectado por el “Sindrome Hybris” presentado a la comunidad científica por David Owen, quien planeta que fue detectado tempranamente en Grecia en aquellos “Héroes” que, alineados por el éxito y el poder, se comportaban  como déspotas genuinos, cuando no lo hacían estando convencidos que eran dioses. El político se vuelve abusador de sus congéneres a quienes considera están por debajo de él. Esta patología se instaura como una especie de actitud megalómana y puede terminar en una paranoia acentuada del político.

En el pecado capital político de “Soberbia política”, el político se cree infalible e insustituible, no acepta perdida alguna, es con facilidad proclive al fraude, a la manipulación de los hechos e inmutable frente al daño que le infringe a su opositor o al conglomerado social.

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