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Opinión

Nuestro transporte público

 Un elevado porcentaje de nuestros buses y busetas ya cumplió su ciclo de vida útil, convirtiéndose en peligros rodantes generadores de polución, y en otros muchos casos, la mala presentación por desaseo o mal gusto, nos muestra que parte de ese parque automotor no está acorde con el nuevo desarrollo de nuestra ciudad; aunque sí debemos reconocer que algunos transportadores han realizado un esfuerzo muy grande para dotar sus líneas con buses de última generación.

Barranquilla es una ciudad que ha gozado de un despegue urbano, social e institucional reconocido nacional e internacionalmente. Obviamente, ha resultado imposible transformar en tan corto lapso, todas las condiciones de atraso que cargábamos, para irnos acercando a ser la ciudad deseada. Uno de esos lunares que nos mantienen como en la edad de piedra es nuestro sistema de transporte público conformado por taxis, buses, busetas y Transmetro. Resulta complicado entender el porqué de esa dificultad para cambiar, para mejorar, y por eso, en esta me limitaré a emitir conceptos personales, y alguna propuesta al Distrito.

Si comenzamos por los taxis, el solo hecho que sus tarifas no sean regidas por taxímetros, nos ubica en la categoría de pueblo grande. Cuando la tarifa depende de negociaciones previas con los conductores, afectando al tráfico mientras dura el regateo, o posteriores, dando pie a discusiones, no podemos decir que estamos bien, sino que estamos muy mal. Si analizamos los buses y busetas, mientras subsista la “ley del centavo” instaurada aquí desde hace décadas, no se acabarán las carreras suicidas para no dejarse rebasar del bus de atrás o para pasarse al de adelante, o el “ratoneo” cuando la clientela está escasa. Nuestro alcalde anuncia que el próximo abril empezará a funcionar la tarjeta electrónica. Esperemos. Un elevado porcentaje de nuestros buses y busetas ya cumplió su ciclo de vida útil, convirtiéndose en peligros rodantes generadores de polución, y en otros muchos casos, la mala presentación por desaseo o mal gusto, nos muestra que parte de ese parque automotor no está acorde con el nuevo desarrollo de nuestra ciudad; aunque sí debemos reconocer que algunos transportadores han realizado un esfuerzo muy grande para dotar sus líneas con buses de última generación. Pero lo que más afecta la movilidad son las paradas de los buses en cualquier parte sin obedecer supuestos “Paraderos”, estos prácticamente de adorno en algunos sectores de la ciudad, porque en otros, ni siquiera existen. Transmetro no evolucionó, se quedó estancado con sus dos únicas troncales, con sus buses originales envejeciendo y atendiendo con unos vehículos deteriorados y desaseados. Sugiero que el día que decidan una reorganización definitiva de Transmetro, les cambien el actual color de sus buses porque requiere de una renovación de imagen total. Aunque para pegar un salto importante se requerirían nuevas alternativas, una de estas sería el Metro ligero desde Malambo y el aeropuerto hasta el centro, pero elevado para no repetir el error de Transmetro cuando dividió la ciudad con sus trazados por Murillo y la carrera 46.

Aunque no solo las grandes y costosas obras transforman una ciudad. También la cambia el comportamiento ciudadano. La disciplina es clave en las ciudades exitosas, y en eso Barranquilla sigue rajándose. Para lograr un cambio inicial en el uso de los buses con poca inversión pero mucha imaginación, sugiero que el Distrito, el Área Metropolitana y los empresarios del transporte público concierten un proyecto para que Construseñales instale sencillas, cómodas y resistentes bancas públicas con publicidad en absolutamente todos los paraderos de la ciudad, los transportadores financien señales de Parada de Bus en cada uno, destacando su empresa y recorrido, y la Secretaría de Movilidad obligue a recoger y dejar pasajeros sólo en esos paraderos. Con solo obedecer esas “paradas” la movilidad de la ciudad cambiaría mucho, y con voluntad sí sería posible lograrlo.

nicoreno@ambbio.com.co

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