Las imágenes que publicó este periódico la semana pasada, mostrando lo acontecido durante el saqueo de un camión con guitarras que se accidentó en la vía que une a Barranquilla con Ciénaga, en el sector de Tasajera, resultan tristes y perturbadoras. No es que constituyan una novedad, hace mucho tiempo ya sabemos que por esos lados es usual que sucedan esas cosas, pero justamente por eso, porque no es aconsejable normalizarlas, es necesario insistir en su discusión. La anarquía que por momentos reina en esa zona, tan cercana a importantes centros urbanos, es una señal muy potente sobre la debilidad del Estado y de nuestras fisuras como sociedad.
Fíjense en las fotos. Los ladrones sonríen al desvalijar el camión, se puede intuir que lo están pasando bien, que el momento del robo les alegró el día. No hay temor alguno por incumplir la ley ni por las consecuencias de esos actos. Ni siquiera ocultan sus rostros. Ofreciendo un duro contraste, las declaraciones del conductor del camión muestran la indefensión a la que estamos sometidos la mayoría de los colombianos, que apenas podemos ver cómo se nos puede complicar significativamente la vida porque nos pasó algo tan anodino como un leve accidente de tránsito.
Para rematar, días después nos llegan noticias sobre retenes ilegales y extorsivos en ese mismo tramo. De nuevo se evidencia la incapacidad del Estado para controlar una de las vías más importantes de la región, transitada por miles de vehículos a diario: no es un paraje remoto en el medio de la selva, es prácticamente un suburbio de Santa Marta, pero parece que no es posible asegurar que la carretera cumpla con su función esencial.
Sabemos que en Tasajera hay una compleja problemática social, pero eso no puede justificar el abandono de la ley. No es descabellado asegurar que el municipio de Puebloviejo, la cabecera municipal de Tasajera, tiene todas las condiciones para convertirse en un piloto de intervención estatal. Con algo más de 30.000 habitantes ofrece una escala manejable y con seguridad sus necesidades y conflictos están diagnosticados en exceso. Falta que el Estado se interese realmente en su porvenir y que se haga cargo de sus responsabilidades, mejorando la infraestructura de servicios, llevando colegios y centros médicos, sentándose a conversar con los líderes comunitarios e incluso enfrentándose y exponiendo a aquellos que prefieren preservar el statu quo. Y quizá lo más importante, que asuma el costo político que implicaría tomarse en serio a Puebloviejo, porque no tengo duda de que una intervención en ese lugar no será fácil.
moreno.slagter@yahoo.com








