En nuestro país solemos usar los indicadores relacionados con los países europeos, casi siempre los nórdicos, como una referencia constante, especialmente si se trata de comparar la calidad de vida y otros factores que inciden en el bienestar general.

Aunque muchas veces el contexto impide su replicación directa, es común, particularmente en las discusiones sobre políticas públicas, que cada dos por tres se exprese que «así pasa en Suecia», o «ese es el esquema noruego», y frases similares. No ajeno a esa manía, me topé hace poco con unos artículos de prensa que mencionaban una curiosa característica de uno de esos países y que valdría la pena considerar.

Ya sabemos que en esos entornos se trabaja menos y se produce más. En los Países Bajos, por ejemplo, tienen una jornada de trabajo promedio que no llega a treinta horas semanales, la menor entre los países de la OCDE.

Los admirados escandinavos tienen jornadas similares, lo que permite un sano equilibrio con respecto a las obligaciones personales y familiares. De hecho, no es inusual que los horarios de trabajo se establezcan teniendo en cuenta los horarios de entrada y salida de los colegios y guarderías.

En Dinamarca, según leí, no sólo es normal salir a las 4:00 de la tarde de la oficina, sino que está mal visto quedarse trabajando después de esa hora, una actitud que va en contravía de lo que pasa por estos lados, donde tiende a valorarse positivamente que un empleado se quede sentado por más tiempo en su escritorio.

Dos factores apuntalan la censura danesa. El primero es obvio: un empleado que se queda después de su horario está siendo ineficiente o está siendo sobrecargado de trabajo. No hay ningún mérito en demorarse, lo que hay que hacer es cumplir con las tareas cuando toca y encargarlas de tal forma que sea posible culminarlas en los tiempos establecidos.

El segundo es todavía mejor: si el empleado tiene hijos pequeños, quedarse hasta tarde en la oficina significa que los está descuidando. Tiene sentido. Si los padres no están compartiendo tiempo de calidad con sus hijos ¿quién lo está haciendo? Al final, esos niños crecerán y se incorporarán a la sociedad, que terminará encajando las consecuencias de la buena o mala educación de sus jóvenes, así que es válido exigir que los responsables cumplan con su deber paternal.

Una jornada larga puede ser necesaria de vez en cuando, lo malo es que se vuelva costumbre. Pero lo peor, es que se convierta en un comportamiento digno de admirar y que de alguna forma sea un indicador de compromiso con el trabajo. Así no pasa en Dinamarca.

moreno.slagter@yahoo.com