Para un aficionado al fútbol como yo, igual que cualquiera de los mortales, resulta verdaderamente decepcionante sentarse a ver un partido del supuesto mejor equipo de fútbol del mundo, y encontrarse con que se defiende con 11 jugadores dentro de su campo y con una propuesta al ataque de pelotazos enviados por Kroos a la izquierda esperando un desborde de Vinicius Junior, o a la derecha para que Valverde resuelva con un disparo fuera del área. Demasiado mezquino para el equipo que se precia de tantos títulos.
Menos mal el Borussia Dortmund dio una exhibición de fútbol que es para enmarcar dentro de los cánones de lo que es jugarlo bien, en especial, la capacidad para penetrar una barrera de once hombres a los cuales superaban con múltiples variantes en todos los espacios de la cancha. Qué espectáculo futbolístico el que nos ofreció el Borussia en Wembley, Una exquisitez ver rotar a los jugadores en una posesión del balón que les resultaba natural porque es el producto de prepararse al 101% para un partido de este tipo en el que enfrentas al que, supone el planeta fútbol, es el mejor equipo del mundo porque ha ganado no sé cuántos títulos.
Ese primer tiempo tuvo que haber terminado 3 o 4 goles a favor de los alemanes, pero desperdiciaron las oportunidades y surgió la sentencia: el que no hace goles en el arco de enfrente, los ve hacer en el suyo. Es el fútbol.
Sé del Real Madrid desde los ochentas, mientras estudiaba en México, porque los domingos jugaba el equipo y el centro delantero era Hugo Sánchez, referente del fútbol azteca para la época; unos 200 goles con el equipo merengue.
Desde mucho antes, el equipo es noticia fresca en el fútbol mundial en una adquisición de títulos, muy merecidos muchos, pero algunos no tanto, según mi parecer, por situaciones y decisiones que, de alguna manera, terminan favoreciéndolo y queda uno sintiendo que fue campeón más por esa razón que futbolísticamente.
Imagino que no hay nadie que afirme que el Madriz acaba de ganar su decimoquinta copa Champions en un partido en el que doblegó al rival jugando fútbol. El primer gol un tiro de esquina, válido dentro de la táctica, y el segundo un regalo por un error de un defensa, ambos producto del cansancio de los jugadores alemanes que entraron a la cancha a dar un espectáculo con una propuesta futbolística en la que iban a dar el máximo de su expresión colectiva para competir con su encopetado rival, pero se encontraron con un Madriz pusilánime, que se dedicó a esperar a su rival y aprovechar su oportunidad.
Eso es muy pobre en términos futbolísticos para un equipo supuestamente galáctico.
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