¿Si el rojo es símbolo del sexo, ¿por qué al chiste sexual se le dice ‘chiste verde’ y no ‘chiste rojo’ o ‘colorado’? ¿Por qué ‘viejo verde’? Argenis Cuadrado, B/quilla

A los chistes subidos de tono, con connotaciones sexuales, referencias obscenas y lenguaje explícito o sugerido, se les decía ‘picantes’ por asociación con pimientos que picaban, como los chiles o los ajíes bravos, que coloreaban los cachetes de quienes los consumían. Entonces, a esos chistes, que sonrojaban a personas pudorosas, se los llamó ‘colorados’. Más tarde fueron llamados ‘verdes’, quizá como eufemismo para cubrir la categoría obscena del chiste y considerando que los ajíes verdes también pican, lo que traduce que los chistes verdes son asimismo picantes. Un ‘viejo verde’ es un hombre mayor, pero inmaduro (de allí lo verde), que asume una conducta impropia de su edad, pues, aún aguijoneado por la libido, acostumbra enamorarse o coquetear con mujeres jóvenes o muy jóvenes. El calificativo de ‘verde’ viene de clásicos antiguos, como Virgilio, quien alude a una ancianidad vigorosa cuando describe a Caronte, el barquero que trasladaba las almas de los difuntos de un lado a otro del río Aqueronte gobernando su barca indócil y surcando las aguas torrentosas con la fuerza de su vejez recia y verde.

Antes oía: “El que se va para Barranquilla pierde su silla”, pero en España, hace poco, oí: “El que se va para Sevilla pierde su silla”. Ñero, Madrid

En realidad, el dicho es: “El que se fue de Sevilla perdió su silla”. En el siglo XV hubo un clérigo español, obispo de Ávila y arzobispo de Sevilla y de Santiago de Compostela, llamado Alfonso de Fonseca, quien tenía un sobrino del mismo nombre que también fue arzobispo de Sevilla y de Santiago. Ambos tenían ánimos pendencieros y eran arbitrarios y codiciosos como la generalidad de los prelados españoles de esa centuria antes de la asunción de los Reyes Católicos. El sobrino, que sobresalía por su energía y su talento, fue nombrado en 1460 arzobispo de Santiago, pero su tío, instalado en Sevilla, le pidió que cambiaran por un tiempo el gobierno de las dos sedes, y así ocurrió. Con el transcurso de los días, el tío quiso regresar a Sevilla, pero el sobrino no estuvo de acuerdo, lo que originó una grave disputa entre ellos. Entonces, quienes apoyaban al sobrino decían: “El que se fue de Sevilla perdió su silla”. El dicho se usa para advertir que la ausencia puede generar perjuicios, pérdida de oportunidades o el no derecho a recuperar un cargo abandonado.

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