Simón Bolívar fue un caribeño venezolano elegido tres veces presidente de la Gran Colombia en elecciones indirectas de la época. En el Congreso de Angostura en 1819 fue nombrado por los delegados de 6 provincias venezolanas y una colombiana, pues el resto de éstas estaba aún bajo dominio español. En 1821 fue ratificado gracias a la participación de 10 provincias venezolanas, 9 colombianas y 2 panameñas. Algo semejante sucedió en las elecciones legislativas de 1825 en las que participaron todas las provincias de Venezuela, Colombia, Ecuador y Panamá.

Rafael Núñez fue un caribeño colombiano elegido cuatro veces presidente de Colombia, que había contraído matrimonio en 1851 con Dolores Gallego, natural de Chiriquí, Panamá. Su cuñada Ana María estaba casada con José de Obaldía, prominente político del istmo quien llegó a ser Vicepresidente y presidente encargado de la Nueva Granada. Esa alianza permitió a Núñez ocupar cargos como la Gobernación de la provincia de Chiriquí. El respaldo panameño lo condujo al Congreso en Bogotá, iniciando así su trayectoria a la presidencia de la República.

En 1830 Venezuela se separó de la Gran Colombia, y en 1903 Panamá se separó de Colombia. A pesar de que los dos presidentes caribeños han sido los de mayor trascendencia en nuestra historia, por 142 años el poder nacional le ha sido esquivo a la región. Ese prolongado y árido camino la condujo a ser la más grande de las regiones pobres y la más pobre de las regiones grandes de Colombia; hoy, con el 20% de la población, tiene el 40% de los pobres del país.

Es un reto de país que su competitividad exportadora, energética, turística y alimentaria fincadas en el Caribe, esté comprometida por las brechas de ingreso, educación, servicios públicos e infraestructura de la región que es su bisagra con el mundo. Sin embargo, las políticas públicas del gobierno nacional en inversión y en gasto, o la ausencia de ellas, en lugar de privilegiar la convergencia han ampliado la divergencia con las regiones más prósperas y en especial con Bogotá.

Si los resultados de la primera vuelta ayer domingo coincidieron con las predicciones más reconocidas, el caribeño Abelardo De La Espriella, debe haber pasado a la segunda vuelta de la elección presidencial. De ser así, llegó solo, sin los votos de los partidos tradicionales y ni hablar de los venezolanos y panameños del siglo 19. No tuvimos una oportunidad como ésta en todo el siglo 20. Tendremos sí una cita con la historia este 21 de junio ¡Firmes por la patria!

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