Una de las peores situaciones que podemos enfrentar es vivir con desconfianza hacia nuestra pareja, familia, compañeros de trabajo y amigos. Nadie que esté constantemente sospechando que aquellos que lo rodean puedan dañarlo deliberadamente será verdaderamente feliz. Esto se debe a que se verá obligado a invertir una cantidad considerable de tiempo, atención y recursos emocionales en protegerse de las palabras y acciones de los demás, las cuales siempre requerirán una interpretación minuciosa por temor a posibles trampas. Esta constante inseguridad impedirá el disfrute que debería caracterizar a todas las relaciones sanas.

Las relaciones saludables se construyen sobre la base de la confianza, la cual siempre se fundamenta en experiencias compartidas. Confiamos en alguien porque se ha mostrado confiable a lo largo del tiempo, demostrando sinceridad, solidaridad, amor y otros valores que son fundamentales para establecer esa relación de confianza.

Cuando descubrimos que alguien no merece nuestra confianza, es importante comunicárselo de manera directa y sincera, sin recurrir a indirectas ni comportamientos ambiguos. Es válido distanciarse de personas en las que no confiamos, no estamos obligados a vivir y trabajar al lado de quien creemos nos puede traicionar en cualquier momento.

La vida depende de los equipos que formamos en todas las áreas de nuestra existencia, y estos equipos deben estar cimentados en la confianza. Ya sea en el ámbito laboral, donde la confianza implica creer firmemente en la capacidad, fiabilidad y compromiso de cada miembro del equipo para cumplir con sus responsabilidades en beneficio del grupo, o en el ámbito personal, donde la confianza se traduce en amor y disposición para el bienestar del otro; nadie que te ama te quiere dañar conscientemente.

El amor es la manifestación concreta de la confianza, lo cual requiere admiración, comunicación, compromiso y habilidades para resolver conflictos sin causarles heridas al otro. Es difícil vivir plenamente sin confianza, ya que esta nos permite abrirnos sin miedo al juicio, las heridas o la manipulación.

Aunque la traición siempre sea una posibilidad, no debe determinar nuestra vida cotidiana. Debemos ser capaces de elegir sabiamente en quiénes depositamos nuestra confianza, aunque en ocasiones nos toque enfrentar la decepción de ser engañados. La elección de nuestros equipos es determinante para el éxito y la felicidad en nuestra vida. Si vives al lado de alguien que ha demostrado no ser confiable no extrañes todo lo malo que pueda pasar por sus acciones. Necesitamos aprender a vivir sin desconfianza.