Apenas la semana anterior analizábamos la coyuntura de los contagios de hantavirus en un crucero que, por el momento, alcanzan un número total de 12 casos, con rumbo a estabilizarse. Ahora, la propagación rápida del ébola tiene al mundo en expectativa; el brote de esta enfermedad en la República Democrática del Congo y la república de Uganda ha sido declarado por la Organización Mundial de la Salud como “muy alto” para toda la región de África subsahariana, aunque sigue siendo bajo a nivel global. Su contención y control es un reto sustancial para las autoridades sanitarias. Indudablemente, es una nueva crisis que corrobora que la sociedad debe estar preparada ante los riesgos para la salud pública.
Hace 13 años se produjo el mayor brote de esta enfermedad, identificado inicialmente en Guinea y extendido a Liberia, Sierra Leona, Malí, Senegal y Nigeria, como describe The Lancet. Registró 28.652 casos y 11.325 muertes, de las cuales 518, es decir, el 5 %, correspondió a trabajadores sanitarios.
Esta vez, cuando han sido reportados 750 casos sospechosos, incluidos 177 fallecidos tanto en el Congo como en Uganda (con corte al 22 de mayo), preocupa la incidencia de la cepa Bundibugyo, descubierta en 2007, cuya mortalidad es del 30 % de quienes la contraen y para la cual no hay vacuna ni terapias aprobadas. En el caso de Colombia, según el Instituto Nacional de Salud, no hay alertas activas relacionadas con la enfermedad, ni evidencia de circulación del virus.
Esta situación, al igual que otras emergencias sanitarias, fueron abordadas por la septuagésima novena Asamblea Mundial de la Salud, celebrada hasta el sábado en Ginebra. Uno de los frentes de reflexión fueron las lecciones aprendidas de la pandemia de covid-19, que puso en evidencia la falta de preparación e, igualmente, la trascendencia de la acción colectiva.
Entre los mensajes claves de los líderes de la salud están la necesidad de adaptarse de forma proactiva ante las amenazas futuras, así como de promover una era de inteligencia epidemiológica donde el análisis avanzado y la inteligencia artificial se articulen con sistemas nacionales sólidos y con la confianza pública. También, la urgencia de una financiación sostenible y flexible y que los avances científicos se traduzcan en acceso equitativo e impacto real.
Si la humanidad no actúa unida, monitoreando los riesgos y colaborándose estrechamente, será imposible enfrentar y superar efectivamente esta nueva crisis de salud pública global. No podemos repetir los errores de la reciente pandemia de covid-19 que nos avasalló.
@Rector_Unisimon








