Estamos a sólo 23 días de las elecciones presidenciales, que todo indica que finalmente se realizarán, sabemos que Trump y su gente están muy pendientes, y es poco probable una jugarreta petrista. Lo que parece ser es que quienes no están tan pendientes son los propios electores. Aunque no se puede creer demasiado a las encuestas, éstas indican que aún hay gente despistada o desubicada. Peor: aún hay indecisos que no han realizado la amenaza que se cierne sobre el país.
Porque hasta se entendería que las huestes petristas se sientan obligados a atender los lineamientos del Pacto Histórico, al fin y al cabo muchos han pelechado de las corruptas mieles gubernamentales, y otros grupos de malandros se han sentido cómodos con el laxo manejo del gobierno. Pero que el ciudadano del común, aquellos que vieron frustrarse sus esperanzas, que no pudieron alcanzar la lluvia de empleos que les prometieron, ni las casas, becas, créditos condonados, ni el país de las maravillas ofrecido, continúe creyendo que a Petro el tiempo no le alcanzó, que no lo dejaron, y estúpidas excusas par justificar su inoperancia e incapacidad, sigan creyendo falsas promesas y continúen alineados con el heredero, son un caso de análisis siquiátrico. Como lo son también quienes contando con empleo y trabajo, que les acaban de subir el salario mínimo, vayan contra su empleador, creyendo que la subienda continuará.
La gente no ha entendido que Petro es una mansa paloma sin alas al lado de Cepeda. No es sólo su talante introvertido, ni que le falta fluidez mental y entonces lee sus discursos que seguro fueron escritos por terceros. No. Es que se trata de un comunista radical que busca acabar con todo el sistema democrático, o sea con el país. Y no lo disimula. Su programa de gobierno es aterrador: Lo llama “el poder de la verdad”, claro, ellos son dueños de la verdad revelada. Es su verdad. Pero no la expresa abierta y claramente: es difuso, opaco, inasible. Lo único claro es que de entrada busca cambiar la Constitución, pero no por las vías legales establecidas, sino por la amenaza de una revuelta social que establezca “un nuevo orden” con una “Alianza Pública Popular” con los colectivos, los indígenas, los concejos comunitarios y todo grupo de resentidos odiadores. O sea, sus pares.
Ante tal peligro, hay que desechar bobadas cosméticas y “correctas”, y elegir a quien con firmeza y decisión esté dispuesto a enfrentar semejante amenaza “por la razón o por la fuerza”. La lectura del documento de Cepeda conduce a que es imperativo elegir a “El Tigre” en primera vuelta.
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