El domingo 26 de abril, en Londres, el keniano Sebastián Sawe corrió los 42,195 kilómetros del maratón en 1 hora, 59 minutos y 30 segundos, convirtiéndose en el primer ser humano en completar oficialmente esa distancia en menos de dos horas. El récord anterior, 2:00:35, había sido establecido por otro keniano, Kelvin Kiptum, en Chicago en 2023, de modo que Sawe no solo la rompió, sino que además rebajó la marca por más de un minuto. Curiosamente, los tres primeros clasificados en Londres corrieron ese día por debajo del antiguo registro mundial, algo que no había ocurrido nunca en la historia. Quizá era un día perfecto para correr, o quizá asistimos a una coincidencia extraordinaria de talento y suerte. En cualquier caso, eso no disminuye la magnitud de lo alcanzado. Sawe tiene 31 años, empezó a competir internacionalmente a los 26 —relativamente tarde para un atleta de alto rendimiento— y, según su entrenador, todavía no ha llegado a su mejor nivel.

La barrera de las dos horas llevaba décadas como objeto de debate entre especialistas, especialmente ante la duda de si era fisiológicamente posible. Eliud Kipchoge lo había intentado en condiciones especiales, fuera de una carrera —y lo logró en 2019—, pero en una competición real, nadie lo había conseguido. Hasta el domingo. Hay barreras simbólicas que trascienden el deporte, como el metro noventa en salto alto, los cien metros en menos de diez segundos o las dos horas en el maratón. Cruzarlas es un hito.

Llevo varios años trotando en las madrugadas, acumulando kilómetros con modesta constancia y sin pretensiones atléticas de ningún tipo. Para entender lo de Sawe, vale la pena una comparación. El keniano cubrió cada kilómetro en un promedio de 2 minutos y 50 segundos; mi mejor tiempo en esa distancia es de 4 minutos y 50 segundos. Esa diferencia de dos minutos se repite por cada uno de los 42 que corrió, lo que significa que cuando cruzaba la línea final en Londres, yo apenas habría podido llegar, en un escenario improbable y cercano a la ficción, al kilómetro 17. Terminar una maratón completa, así fuera en seis o siete horas, sigue siendo una meta por cumplir.

Para quienes salimos a trotar sin otro propósito que terminar, la lejanía entre Sawe y nosotros no es un motivo de desánimo. Es, al contrario, una de las razones para seguir haciéndolo. Hay algo que se comprende mejor desde las limitaciones del aficionado, algo que no llega desde las estadísticas sino desde el esfuerzo personal, por modesto que sea. La grandeza de una hazaña como esta se aprecia de otra manera cuando uno sabe, por experiencia propia y sin cronómetros que impresionar, lo que cuesta poner un pie delante del otro durante cuarenta y dos kilómetros.

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