Barranquilla cerró el 2025 con resultados concretos en seguridad: los homicidios bajaron un 13%, el hurto a comercio cayó 38% y la extorsión disminuyó un 20%. El mérito es exclusivamente de Barranquilla.

Mientras Petro desfinanciaba la seguridad del país con su fracasada Paz Total, la Alcaldía de Alejandro Char destinaba más de $100.000 millones del presupuesto de los barranquilleros, plata que pudo haberse invertido en hospitales, colegios y vías, para comprar 600 motos, 70 camionetas, 820 cámaras inteligentes y tecnología forense de punta, cubriendo una obligación que le corresponde al gobierno nacional.

Fue el propio Char quien lo denunció sin rodeos ante 23 alcaldes de capitales: “La Policía no tiene ni gasolina.” Eso se llama abandono.

Y la comparación con otras ciudades lo confirma. En hurto por cada 100.000 habitantes, Bogotá registró 1.554 casos, Medellín 953 y Cali 788. Barranquilla, con 760, tuvo el índice más bajo entre las grandes capitales del país. Y en homicidios, mientras Cali aumentaba 105 casos en 2025 y Bogotá reducía apenas 45, Barranquilla logró la mayor caída absoluta entre todas las capitales: 131 homicidios menos que el año anterior.

Estos resultados no llegaron solos: son la consecuencia directa de una ciudad que decidió actuar cuando su presidente miraba para otro lado. Porque mientras Barranquilla ponía su propio dinero para proteger a sus ciudadanos, Petro apostaba todo a negociar con los mismos bandidos que extorsionan y matan.

El resultado de esa irresponsabilidad también está en los números: 2024 fue el año con más extorsiones en la historia de Colombia, más de 12.800 casos, y 2025 cerró como el año más violento del gobierno Petro con 13.726 homicidios, uno cada 38 minutos.

La irresponsabilidad de Petro no tiene límite. Esta semana la Fiscalía suspendió órdenes de captura a 23 cabecillas criminales en Medellín, amparada en la Ley de Paz Total, y siete ya están libres en las calles.

Es el mismo presidente bajo cuyo gobierno el 40% de las extorsiones en Colombia se cometen desde adentro de las cárceles, y que encima ordenó trasladar cabecillas criminales a cárceles de Barranquilla días antes del Carnaval, como si la ciudad no tuviera ya suficiente con cargar el peso de una seguridad que él abandonó.

Gobernar es proteger a los ciudadanos, no negociar con quienes los amenazan, recortarles los recursos para defenderse y señalarlos como culpables. Eso, señor presidente, no es paz total. Es impunidad total.