A través de investigaciones arqueológicas se ha logrado precisar que el perro fue el primer animal que domesticó el ser humano, hace entre 15.000 y 30.000 años, y lo hizo partícipe de tareas de caza, alerta y protección, y de limpieza de restos de comida.

Progresivamente, en los siglos recientes, las personas fueron estableciendo vínculos emocionales más cercanos, llegando a calificarlo como su “mejor amigo”, convirtiéndolo en la mascota por excelencia, hasta llegar a ser, incluso, sujeto de protección, como en Colombia, donde los animales están catalogados como “seres sintientes” (Ley 1774 de 2016).

Cambios socioculturales contemporáneos han incidido en que el rol de las mascotas haya evolucionado al punto de ser considerados miembros afectivos de la familia, otorgándoseles, incluso, la condición de hijos, llamándoseles popularmente “perrhijos”.

Hoy se valida el concepto de “familias multiespecie”, con iniciativas para su reconocimiento legal, lo que implicaría no solamente su pertenencia a un hogar sino la garantía plena de protección, bienestar y custodia.

Sin embargo, la relación entre humanos y mascotas es fuertemente cuestionada por la alta humanización, lo que provoca en el animal apego extremo, ansiedad por separación, miedo, obesidad y frustración de su naturaleza canina, entre otros efectos.

Por ello, es importante encontrar un equilibrio entre amar a su perro y respetar su naturaleza animal, especialmente, sus instintos y la interacción entre individuos de la misma especie.

Así mismo, en las personas motiva la dispensación de mayor cariño hacia el perro y el enfriamiento de los sentimientos entre humanos.

Una investigación de la universidad Eötvös Loránd, de Hungría, sobre similitudes y diferencias entre las relaciones entre humanos y perros, cita que “la relación perro-humano exhibe características tanto de las relaciones de niño como de mejores amigos, combinando los aspectos positivos del vínculo padre-hijo con las mínimas interacciones negativas de las amistades cercanas”.

Lo cierto es que hoy los “perrhijos” son tan populares que, según el DANE, en Colombia, el 67 % de los hogares cuenta con mascotas y el 45 % de estos optó por no tener hijos, aduciendo que con la mascota la familia está completa, además de que es menos complicada y costosa su crianza.

Vale la pena analizar hasta qué nivel debe llegar la dependencia emocional hacia los perros y en qué medida esto debilita el contacto personal con los seres humanos queridos e, incluso, el debilitamiento del interés hacia los congéneres.

@Rector_Unisimon