La semana pasada la noticia fue la sanción a un juez por el uso irresponsable de inteligencia artificial en una decisión judicial. Esta semana la historia no cambia mucho: ahora se trata de un abogado sancionado por presentar un recurso con sentencias inexistentes, generadas por IA. Este mismo año informamos a la opinión pública que presuntamente un fiscal habría desarrollado un escrito de acusación completamente con inteligencia artificial.

La pregunta es inevitable: ¿dónde está el freno y el control? ¿Vamos a permitir que la IA sustituya el criterio humano en decisiones que afectan derechos fundamentales? Hoy la IA redacta sentencias, estructura escritos de acusación y también prepara recursos. Y en medio de todo eso hay algo que empieza a diluirse y es la responsabilidad, la ética y la humanidad detrás de cada proceso.

Detrás de estas piezas procesales creadas con inteligencia artificial hay personas esperando que se decida su libertad, su presunción de inocencia, su futuro y el de sus familias. Personas que, por regla general, deberían enfrentar un proceso en libertad, pero que muchas veces incluso están tras las rejas mientras se define su situación jurídica.

¿De verdad podemos aceptar que decisiones así se construyan a partir de textos generados sin verificación rigurosa? Está bien sancionar cuando hay abuso, la ética profesional no es opcional. Pero el problema es estructural, porque a los abogados defensores se nos vigila constantemente, ¿pero a los jueces y fiscales?

No parece existir un control claro, ni lineamientos serios sobre el uso de inteligencia artificial en fiscalías y despachos judiciales. Y cuando el poder punitivo del Estado utiliza estas herramientas sin filtros reales, el riesgo es mayor.

Pensemos en algo sencillo: Si vamos al médico y este le pregunta a una inteligencia artificial por nuestros síntomas para que le sugiera un tratamiento, ¿nos sentiríamos tranquilos si el médico simplemente imprime la respuesta y la firma? Probablemente no. La IA jamás debería reemplazar el criterio clínico de un profesional de la salud. En el derecho ocurre lo mismo.

La inteligencia artificial puede ayudarnos a organizar información, a mejorar redacciones, a optimizar tiempos. Pero no puede reemplazar la sensibilidad jurídica, la empatía, la posibilidad de ponernos en los zapatos del otro, la valoración humana de la prueba, ni la responsabilidad que implica decidir sobre la libertad de alguien. O la usamos con ética, con límites claros y con supervisión real, o terminaremos sacrificando lo más valioso que tiene la justicia: su humanidad.

@CancinoAbog