Aunque muchos creyeron que el diseño de dos consultas era una magistral jugada de la centro-izquierda, la práctica demostró que se enredaron en ese juego. Habría sido preferible una sola consulta el 8 de marzo con todos los aspirantes que quisieran. ¿Acaso la consulta de la centro-derecha no lleva una chorrera de nueve precandidatos? Así se hubieran evitado seguramente que Iván Cepeda se fuese tan lejos y que Roy Barreras entrara en el pánico de cómo alcanzárselo después.

Recuerden que Cepeda antes de la consulta del 26 de octubre de 2025 prácticamente no existía en las encuestas. Estaba en el margen de error. A él lo catapultaron el 1.522.347 votos que obtuvo y los 2.715.212 votos de la consulta, incluidos los votos en blanco y los nulos.

Consciente de que su ascenso es producto de esa consulta, Cepeda ahora teme que un mejor resultado de la consulta del Frente por la Vida trepe súbitamente a Barreras, cosa que, por supuesto, está por verse porque en política solo existen los hechos cumplidos. Lo demás es ficción.

En su rabia y desesperación, Cepeda ha invitado sectariamente a no votar por la consulta de Barreras y la califica de “ilegítima”, lo que significa patear a un aliado que fue clave en el triunfo de Gustavo Petro en 2022. ¿Con estas enconosas pugnacidades sí será posible que el progresismo vaya unido a las dos vueltas presidenciales? En Petro se entiende que diga que no votará por la consulta del Frente por la Vida, pues le toca mostrarse neutral, pero a Cepeda le queda mal despotricar de ese ejercicio.

La razón por la cual Barreras no ha desmontado su aspiración para unirse a Cepeda es porque aquí, en el fondo, lo que hay es una disputa progresista por la sucesión presidencial de Petro.

Barreras es un socialdemócrata o liberal de centro-izquierda y Cepeda un político tatuado con la hoz y el martillo de lenguaje y ademanes habitualmente moderados, pero en Barranquilla desnudó unos preocupantes síntomas de trastorno antidemocrático cuando amenazó con guillotinar al CNE si es presidente. Sin poder evitarlo, le brotó el estalinismo reprimido.

Cepeda es, me parece, una consecuencia de la molestia de la izquierda por aquel tempestuoso consejo de ministros televisado donde Petro defendió a Armando Benedetti y vapuleó a la izquierda que cuestionaba a su protegido alfil.

Pienso que Cepeda es la factura que la izquierda le está pasando a Petro por esa inolvidable humillación. La dificultad de la izquierda es que sola no gana con Cepeda. Y a Donald Trump no le encantaría como presidente. Hay un nuevo orden mundial que no actúa en favor de este líder de marcado linaje comunista.

@HoracioBrieva