La inteligencia artificial ha pasado de ser una conversación futurista a una realidad concreta en las empresas. Sin embargo, la pregunta clave ya no es de qué manera la IA transformará los negocios, sino por qué su impacto real sigue siendo limitado en tantas organizaciones.
En la Cámara de Comercio de Barranquilla priorizamos el impulso a la adopción de la IA en el ecosistema empresarial por la utilidad que tiene para automatizar tareas rutinarias que consumen tiempo y recursos; prever patrones de demanda con el fin de optimizar el stock de inventarios y las cadenas de suministro, reducir costos de almacenamiento y evitar la falta o el exceso de productos; analizar grandes volúmenes de datos que mejoren la toma de decisiones; identificar tendencias y anticipar cambios en el mercado; y en síntesis incrementar la eficiencia operativa para ser más competitivos.
Por eso, en el 2025 ofrecimos 12.000 servicios orientados a la implementación de inteligencia artificial. Como resultado, 1 de cada 4 empresas atendidas adoptó o fortaleció prácticas de IA, y 7 de cada 10 ya reconocen productos o soluciones asociadas a esta tecnología.
Estas cifras no hablan de moda ni de curiosidad tecnológica. Hablan de empresas que decidieron transformar la forma como operan para competir mejor. Pero también confirman una verdad incómoda: muchas iniciativas de transformación digital fracasan no por falta de actividad o inversión, sino por ausencia de una metodología sistemática de implementación. Las empresas hacen mucho, prueban herramientas, lanzan pilotos, pero capturan poco valor económico real.
Rewired, la guía de McKinsey, enseña que, cuando se trata de competir en la era digital y de la inteligencia artificial, la transformación no funciona como una suma de proyectos tecnológicos. Funciona cuando se alinean estrategia, talento, modelo operativo, tecnología y datos alrededor de un objetivo claro: crear valor para el negocio y el cliente.
En nuestros programas de IA aplicada lo hemos visto. El 72% de los proyectos acompañados se concentró en áreas de alto impacto económico como ventas, operaciones y atención al cliente. Cuando la IA se conecta con problemas reales del negocio y se usa con método, liderazgo y foco en productividad, los resultados empiezan a aparecer en semanas.
El potencial es enorme. De acuerdo con el Foro Económico Mundial y McKinsey, la adopción de la IA podría aumentar la productividad regional entre 1,9% y 2,3% anual y generar entre US$1,1 y US$1,7 billones en valor económico adicional cada año. Sin embargo, hoy solo el 23% de las organizaciones latinoamericanas está generando algún valor económico con la Inteligencia Artificial. La brecha no es tecnológica; es estratégica y metodológica.
* Presidente Ejecutivo - Cámara de Comercio de Barranquilla








