Un colega, amigo y paisa, quien recientemente estuvo en Barranquilla, me hizo unos comentarios que, bien vale traerlos a colación en estos momentos, en que el país entero, envidia las condiciones de una ciudad, en donde el desarrollo de un pueblo se muestra en muchos sitios y principalmente en sus habitantes. Con más de treinta años en Barranquilla, me siento muy satisfecho que los visitantes nos miren como este amigo, de quien extracto sus principales consideraciones.
La ciudad se está renovando nos decían. Al punto que decidimos visitarte y resultó cierto. Nuestros anfitriones, con la proverbial hospitalidad de tus gentes nos acogieron en su casa que sentimos como nuestra.
Llegamos a la Ciénaga de Mallorquín, reserva viva de 700 km2, en donde, recorrimos su manglar y lindos puentes peatonales, con aseo impecable, observamos, el mangle fuente de vida, apreciando flora y fauna. Seguidamente visitamos Puerto Colombia, a distancia de 22 km., referente ineludible de tu historia, su playa de arena limpia y su centro gastronómico. Otro día, con las brisas caribeñas de enero que, nos regalaron días de frescura tomamos el tren turístico; hermosos y coloridos vagoncitos para llegar en pocos minutos hasta Puerto Mocho.
La primera caminata de dos horas por el centro, iniciamos en el paseo Bolívar, la segunda caminata por el barrio Prado, en donde, admiramos con infinito gusto, casas de belleza única, con historia propia.
¡En el malecón, otra de tus sorpresas, Barranquilla! Las vías peatonales y ciclovías en ondulantes formas con jardines tropicales, senderos para caminar en armónico conjunto de playa, brisa y río.
Desde el monumento Ventana al Mundo merecido nombre, y pasando por la Aleta del Tiburón, se nos muestra una afición con su equipo del alma, el Junior de Barranquilla.
Subimos en la rueda para una vista panorámica de la ciudad, disfrutamos desde el viejo puente Pumarejo hasta el horizonte en el que se toman de la mano el cielo y el mar, al lado de la comida típica, en Las Flores.
¡Cómo no ir al Museo del Carnaval, si estamos en vísperas de celebrarlo de nuevo! Terminamos el paseo en Hotel El Prado, con mesas cobijadas en su patio por las centenarias palmas reales, mecidas por el atardecer testigo de días inolvidables para nosotros. En bote turístico, recorrimos el río Magdalena en su llegada al mar; hermoso, entregado…y plácido al final de su misión.
¡Ay Ciudad! Desde cuando abriste tu puerta y tus brazos a esos hijos adoptados, familias inmigrantes llegadas a tus playas con nada más que esperanzas, de idiomas extraños, con ganas de seguir adelante y la fe de lograrlo. Adoptaste hijos agradecidos, crearon industrias, empresas y desarrollos que determinaron buena parte del progreso colombiano.
“Queremos volver. Nos queda mucho por conocer y por contar”. Oscar Arias, visitante.
@49villanueva


