Considero como un muy interesante ejercicio en estos tiempos de precampañas y campañas electorales, que más bien parecen electoreras, comparar el comportamiento de decenas de políticos aspirantes a la presidencia de nuestro país, con el normal de cualquier empresario serio que en Colombia afortunadamente abundan, porque definitivamente, son diametralmente opuestos. Mientras un empresario empleando el sentido común diseña estrategias y cuando lo requiere busca los mejores socios en procura del éxito de su empresa y de sus empleados, nuestros políticos aspirantes a la presidencia diseñan estrategias para su propio beneficio, sea este económico o político, y parecería que para ellos es muy secundario el beneficio del país, aunque en sus henchidos egos no me cabe la menor duda que varios de ellos consideran que son la única y válida solución para sacarlo del desastre en el que está dejando este desgraciado gobierno a Colombia. Por lo anterior es que afirmo que sus comportamientos egoístas y sus ególatras pretensiones son diametralmente opuestas a la de cualquier empresario serio, así este lo sea de una mini-empresa.

Mientras se mantiene activa esta politiquera jauría, un par de candidatos de orillas muy opuestas se consolidan como los de mayor respaldo popular, uno conocido de marras representa al desgobierno actual y nos augura que por malo que sea Petro, él tiene la capacidad para superarlo en maldad y llevar a Colombia a lo más profundo del abismo. Sus principales aliados son guerrilleros, narcos y la delincuencia en general. ¿Duda alguien que todo aquel que pertenezca a los tres grupos anteriores votará por uno diferente al ya escogido por la izquierda radical? Además hay un significativo porcentaje de ciudadanos que demuestran que Colombia no es solo un país desigual en materia económica, sino también y mucho, en cuanto a coeficiencia intelectual, y a esos anteriores hay que sumarle los resentidos consumados, que no son pocos.

El otro candidato con muy elevado respaldo popular, el de la Extrema Coherencia, no es político sino empresario, es frentero, ofrece al país todo lo opuesto al de la izquierda radical, y garantiza que si alguien de la verdadera oposición lo supera en el respaldo popular, él votará y hasta le cargará las maletas a ese candidato para derrotar al petrismo, invitando a la jauría politiquera para que manifiesten si cada uno de ellos haría lo mismo si él siguiera manteniendo el mayor respaldo popular, porque el pueblo es el que vota y el que elije. Unos muy pocos han renunciado a sus aspiraciones y adherido a su exitosa campaña, pero la negativa del resto a responder esa tan sencilla y coherente pregunta los delata. Y obviamente, ese comportamiento politiquero contrasta con el de él, que es un exitoso empresario.