Son días en los que veo las montañas y el mar. Hay mucho ruido afuera, pero busco que el corazón esté sereno y en silencio. Siento la brisa con su sibilancia al pasar y escucho el murmullo constante del mar. Hace un año estuve aquí, con muchas preguntas y expectativas. Estaba terminando el proceso de creación de mi reciente libro Romperme fue solo un comienzo. Ya pasaron 360 días. Tengo algunas respuestas, algunas satisfacciones, pero ahora hay nuevas preguntas e insatisfacciones. Es la vida.
Me impresiona la rapidez del tiempo. Me cuestiona cómo todo se vuelve recuerdo rápidamente. Tengo miedo de que la vida se escape como agua entre los dedos. Este año he tenido el convencimiento de que la única manera de tener otra relación con el tiempo es actuar con mayor lentitud. Yo, que desde niño he querido que todo suceda rápidamente y que no sé esperar; que he trabajado en los medios de comunicación desde que tenía 16 años, tratando de vivir a la velocidad de las ondas.
Yo, que he buscado en el misterio de Dios razones para vivir intensamente sin el miedo de que la roca que ayer subí hasta la montaña se devuelva otra vez, y que si se devuelve, sea capaz de subirla de nuevo, con la alegría que Camus cree que salva a Sísifo del absurdo. Una frase ha estado constante en mi mente y en mi corazón: “Las cosas fundamentales de la vida se hacen lentamente”. Sí: el amor, el cuidado de los que amamos, el servicio que prestamos, las palabras que decimos, el trabajo en el que aportamos.
Todo lo que es esencial en la historia personal lo hacemos con la dedicación y la lentitud de quien se cree eterno en el momento, quien cree que tiene todo el tiempo necesario, porque esa es la única manera de hacerlo bien y de encontrarle sentido. Es que la rapidez se lleva jirones de lo que realmente somos. Ahí, en los entresijos de tantas necesidades, solo quien se detiene, contempla y ama lentamente, encuentra verdadera satisfacción. La velocidad por el objetivo nos hace perder los detalles simples y pequeños que contienen y detonan mucho sentido: “La iluminación se esconde en los hechos diminutos y puede advenir en cualquier momento y por cualquier circunstancia” (Pablo d’Ors). Esto implica disfrutar cada situación sin desesperación ni angustia, sabiendo recibir lo que la vida trae. Sin juzgar, aprendiendo a gozar su ritmo para vivir mientras somos felices.
Tengo en este ahora, que llamamos 2026, una tarea intensa y necesaria: hacer más lento y con mucha atención lo esencial de mi vida. Negarme a la velocidad que cumple objetivos pero pierde el proceso, y en ello pierde el sentido.
@Plinero


