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Inconcebible que en plena época de la cibernética, cuando nuestras vidas de jóvenes y viejos giran alrededor del internet y todos los adelantos tecnológicos, cuando estamos ad portas de la extinción de la humanidad por la amenaza latente de las grandes potencias, que se pelan los dientes y juegan con una guerra nuclear, la oficina de registro de Instrumentos Públicos me obligó a esperar, en un ambiente incómodo y hostil por la necesaria protesta de los maltratados usuarios, más de cuatro horas para registrar una simple escritura, producto de la compra de un inmueble, servicio por el cual me cobraron más de diez millones de pesos.

En un inequívoco atropello a la teoría costo- beneficio, indicativo que algo anda mal y amerita, pienso yo, la inquietud de los entes administrativos de la ciudad, gobernación alcaldía, ya que este pésimo servicio constituye un palo en la rueda en el desarrollo sostenible de nuestra ciudad.

Sugerencia. Si usted tiene la obligante necesidad de utilizar los servicios de la Superintendencia de Registro, recargue su celular o llévese las memorias de García Márquez. Seguro las terminará de leer, antes de que le llegue su turno. Bendito sea Dios.

Hernando Cervantes Acosta

C.C.3.710.208 de Barranquilla