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La Reina del Carnaval dedicó su espectáculo de Lectura del Bando a la Raza Negra, así lo llamó.

Barranquilla, como puerto clave del río Magdalena, fue un punto de llegada y asentamiento de poblaciones afrodescendientes, muchas provenientes de la cercana Cartagena (principal puerto esclavista) y de poblaciones como San Basilio de Palenque Esta cercanía permitieron una constante retroalimentación cultural.

El Carnaval de Barranquilla, hoy reconocido como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, es mucho más que cuatro días de fiesta. Es un gran archivo vivo donde se conservan siglos de historia caribeña. En ese archivo, la influencia africana ocupa un lugar central: no como adorno exótico, sino como raíz profunda que modeló la manera de celebrar, resistir y convivir en el Caribe colombiano.

Desde el siglo XVI, miles de hombres y mujeres africanos fueron traídos por la fuerza a la costa Caribe como personas esclavizadas para trabajar en haciendas, puertos, minas y hatos ganaderos. Con ellos no solo llegaron brazos para el trabajo, sino lenguas, creencias, formas de música, de danza y de organización comunitaria. Aunque el sistema colonial intentó borrar sus culturas, estas sobrevivieron y se transformaron en contacto con lo indígena y lo español.

Durante los siglos XVIII y XIX, cuando Barranquilla comenzaba a consolidarse como puerto y ciudad comercial, el Carnaval fue tomando forma como espacio popular. En esos años, las élites celebraban bailes formales de inspiración europea, pero el pueblo —en su mayoría mestizo, afrodescendiente e indígena— mantenía vivas sus propias formas de fiesta en calles, patios y plazas. Allí la herencia africana encontró un refugio: cantos de bullerengue y chandé, percusión comunitaria, danzas circulares y una forma de celebración donde el cuerpo y la música eran inseparables.

En resumen: Sin la influencia afro, el Carnaval de Barranquilla no sería lo que es: perdería su ritmo contagioso, gran parte de su fuerza dramática y danzaría, y un componente vital de su espíritu rebelde, alegre y popular. Desde la época colonial hasta nuestros días, las tradiciones afro han moldeado la forma en que Barranquilla entiende la fiesta, la comunidad y la identidad. El Carnaval no solo celebra la alegría: celebra, la supervivencia cultural de un pueblo que convirtió la adversidad en ritmo, movimiento y arte.

Es la síntesis de lo indígena, lo europeo y, de manera muy poderosa, lo africano, lo que le da su identidad única y vibrante

JAIRO E. RESTREPO V.

jairorestrepo1@gmail.com