En el punto donde el río Magdalena desemboca en el mar Caribe, un grupo de investigadores adelanta un proyecto que podría abrir una nueva alternativa energética para el país: la llamada energía azul.
Se trata de un piloto instalado en Puerto Mocho, cerca de Bocas de Ceniza, liderado por la Universidad del Norte y con la participación de la Universidad Nacional de Colombia (sede Medellín). El proyecto busca aprovechar la diferencia de salinidad entre el agua dulce del río y el agua salada del mar para producir electricidad.
El sistema estudia un fenómeno natural conocido como gradiente salino, que ocurre cuando se mezclan aguas con diferente concentración de sal. En ese proceso se libera energía química que normalmente se disipa en el ambiente.
“Cuando dos aguas con diferente salinidad, como el mar y el río, se mezclan, se libera naturalmente una gran cantidad de energía química. Si se aprovecha técnicamente, esa energía se puede transformar en electricidad”, explicó el investigador Aymer Maturana Córdoba, profesor del Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental de la Universidad del Norte y líder del proyecto.
Mezcla de agua en electricidad
Para aprovechar ese proceso natural, los investigadores utilizan membranas especiales que separan el agua dulce de la salada mientras los iones de sal se desplazan entre ellas. Ese movimiento genera una corriente eléctrica.
“En el sistema que usamos, los iones de la sal se desplazan desde el agua salada hacia el agua dulce, produciendo una corriente de iones positivos y negativos. Esto se manifiesta como un voltaje, a través de un ánodo y un cátodo, funcionando prácticamente como una batería de agua”, explicó Aymer Maturana Córdoba.
Antes de entrar al sistema, tanto el agua del río como la del mar deben pasar por procesos de tratamiento para reducir turbiedad, materia orgánica y microorganismos, con el fin de proteger las membranas y garantizar su funcionamiento.
Este piloto es considerado el primero de su tipo en América Latina. Experiencias similares se han desarrollado únicamente en países como Países Bajos, Francia y Japón, donde aún se encuentran en fases experimentales.
Energía y agua potable
El proyecto también busca evaluar si esta tecnología podría escalarse en el futuro para generar energía a mayor escala en la región Caribe.
Según estudios preliminares citados por los investigadores, el punto donde el río se encuentra con el mar podría tener un potencial técnico cercano a 800 megavatios, lo que representaría una fuente energética importante.
“Si se logra aprovechar ese potencial, la energía producida podría alimentar una porción muy importante de la población”, señaló Aymer Maturana Córdoba.
Además de producir electricidad, el proyecto analiza la posibilidad de combinar esta tecnología con procesos de desalinización para producir agua potable a partir del mar.
Las simulaciones realizadas por el equipo indican que integrar la energía de gradiente salino con desalinización podría reducir significativamente el consumo energético de este proceso, una alternativa que podría beneficiar a regiones con dificultades de acceso al agua.
El siguiente paso, según el equipo investigador, será ampliar la escala del piloto y continuar evaluando su desempeño en condiciones reales.
“Las universidades no pueden seguir solas en este proceso. Se necesitarán socios que permitan transferir el conocimiento y avanzar en el escalado de la tecnología”, concluyó Aymer Maturana Córdoba.
“Queremos en un futuro escalar esta tecnología. Para eso se requieren recursos y por eso apuntamos a nuevas convocatorias que nos permitan seguir avanzando”, recalca Aymer Maturana.
Para territorios vulnerables
El proyecto abre una oportunidad estratégica para regiones con dificultades de acceso a energía y agua potable. La integración entre energía de gradiente salino y desalinización permitiría reducir significativamente los costos energéticos para producir agua potable.



















