La basura no proviene del río o el mar, sino de la gente. Aún es inexistente la conciencia ambiental y hay quienes desconocen los efectos que un solo residuo puede generar en los ecosistemas marítimos.
Ya mucho se ha hablado del plástico, pero muy poco acerca de lo contaminantes que pueden ser los neumáticos fuera de uso. Por lo general, estos artículos –que suelen llegar al océano como residuos dispersos– son activamente reutilizados en zonas costeras como estructuras para el control de erosión, rampas, senderos, muelles o incluso arrecifes artificiales.
Frente a esto, un nuevo estudio científico, publicado en la revista internacional Marine Pollution Bulletin, alerta que esta es una afectación ambiental severa.
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El trabajo, titulado “De las carreteras a los océanos: rutas de contaminación de los neumáticos al final de su vida útil en los entornos costeros y marinos”, demostró que las llantas liberan sustancias tóxicas, generan microplásticos y partículas de desgaste, degradan hábitats costeros sensibles, producen riesgos para la salud pública y alteran servicios ecosistémicos clave.
“Su contaminación es grave y con tendencia creciente, especialmente cerca de zonas costeras urbanas e industriales”, explicó Nelson Rangel, líder del proyecto, a EL HERALDO.
Expuso que los neumáticos están compuestos por materiales que contienen metales (como zinc) y químicos asociados a plastificantes, antioxidantes y otros aditivos.
Al estar expuestos al agua salada y a la luz solar, liberan compuestos tóxicos para peces e invertebrados; alteran los procesos biológicos básicos, como la reproducción y el crecimiento de organismos marinos, y se integran en la cadena alimentaria.

En esta misma línea, detalló que estos residuos retienen calor, ya que el caucho negro absorbe radiación solar, lo que genera zonas más calientes que modifican ciclos biológicos como la incubación de huevos de tortuga o el establecimiento de plántulas en manglares.
“En lugares donde se usan neumáticos como barreras (por ejemplo, para frenar la erosión), se ha observado que alteran procesos geomorfológicos naturales de playas. Además, interfieren con hábitat crítico, como áreas de anidación de tortugas o lechos de pastos marinos y suelen fragmentarse y dispersarse, complicando la recuperación y limpieza”, dijo.
En ese sentido, el experto añadió que, “por estas razones, su impacto no es menor ni marginal, sino que forma parte del problema de contaminación costera y marina de forma significativa y creciente”.
Degradación progresiva
En el Atlántico, los neumáticos hacen parte de la basura acumulada en los litorales del territorio como playa Someca, Palmarito y playa Mendoza.

Además, estos residuos están transportando animales y, en otros sitios del Caribe como Cartagena, se están utilizando como accesorios, lo que incrementa la generación de microplásticos.
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“Cuando se colocan en playas para ‘proteger’ contra la erosión o terminan enterrados en el fondo marino, interfieren con el movimiento natural de la arena, dificultan la formación de dunas y pueden bloquear sitios de anidación de tortugas marinas. Bajo el agua, si se desplazan por tormentas, pueden golpear y destruir arrecifes de coral o praderas de pastos marinos”, indicó.
El profesor de Uniatlántico alertó que si la situación continúa los ecosistemas se degradarán; habrá pérdida de servicios ambientales como la pesca y el turismo, así como se generarán mayores riesgos para la salud humana.
“Lo más preocupante es que el problema no es visible de inmediato: es acumulativo, crónico y muchas veces ignorado hasta que el daño ya es significativo”, dijo.
En ese orden de ideas, finalizó aseverando que si los neumáticos fuera de uso persisten en nuestros mares y costas, lo que “se deteriora no es solo el paisaje, sino también la salud ecológica y económica de las comunidades costeras”.
resolver la problemática
Prevención, control y recuperación: la solución. De acuerdo con el catedrático, hay vacíos regulatorios para la atender la problemática de los neumáticos. Para solucionar este panorama se debe partir de la prevención, el control y la recuperación. Anotó que debe prohibirse explícitamente el uso de llantas fuera de uso en playas, manglares y zonas marinas como soluciones para la erosión o infraestructura informal.
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Por otra parte, consideró importante reconocer este artículo como un potencial contaminante marino, lo que implica incluirlo en el monitoreo costero y evaluaciones ambientales.
Y, finalmente, retirar los neumáticos en zonas en donde ya están afectando a las playas o ecosistemas sensibles.
“Deben implementarse programas de remoción segura y restauración ambiental, priorizando áreas críticas como sitios de anidación de tortugas o manglares”, concluyó el experto.
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