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En medio del tráfico constante de la avenida 76, rodeada de casas, edificios residenciales y una dinámica urbana creciente al norte de Barranquilla se mantiene en pie una edificación de 1.600 metros cuadrados, que durante más de siete décadas ha sido albergue de cientos de animales: el Zoológico de Barranquilla.

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Siendo el hogar de más de 750 animales, pertenecientes a 120 especies nativas y exóticas, este espacio es referente nacional de patrimonio turístico, educativo y de conservación.

A pesar de ello, en la actualidad atraviesa uno de los momentos más complejos de su historia ante el déficit económico de más de $1.900 millones que amenaza su sostenibilidad, resultando en medidas como el aumento en la tarifa de boletería de 2026.

Sumado al ajuste, se aviva una problemática que lleva más de 30 años discutiéndose; la urgencia de trasladar el Zoológico a una locación idónea que permita su permanencia en el tiempo.

Legado histórico

Antes de establecerse en su sede actual, comprendida desde la calle 76 con carrera 68 hasta la calle 77 con carrera 70, la iniciativa de ecosistema ambiental encabezada por Roberto Puyana tuvo origen sobre la arena del Parque Suricalcedo.

Allí, palomas domésticas, patos, pajaritos y una mona llamada Toribia, perteneciente al género Lagothrix lagotricha, conformaron el ‘arca de Noé aviario’ que emprendió vuelo hacia el Parque Vivero a mediados de 1952, siendo el primer eslabón contemplado para la materialización del zoológico.

Tan solo un año después, en 1953, tras radicarse en el barrio La Concepción, fueron abiertas sus puertas de cara al disfrute de propios y visitantes, respondiendo a una lógica de ciudad en expansión.

Finalmente, durante 1965, fue inaugurado oficialmente como zoológico al contar en su apertura con 108 animales.

Desde entonces, el recinto ha permanecido en el mismo predio, al que el paso del tiempo no es ajeno sobre la infraestructura de más de 70 años de antigüedad, y que por consecuencia no permite construir un margen de expansión del área con el fin de la incorporación de nuevas especies y la renovación de las exhibiciones.

Orlando Amador

De esta forma, se ha afectado considerablemente el 70% de ingresos necesarios para su sostenimiento, provenientes de las visitas, además de tener repercusiones en el cumplimiento operacional de los estándares técnicos, ambientales y educativos que demanda un centro de conservación animal moderno.

“Llevamos dos años en déficit. En 2023 tuvimos un déficit de $2.400 millones; en 2024, de $2.100 millones. No aguantamos otro año así, tenemos acreditaciones internacionales que debemos renovar y hay observaciones que dependen del presupuesto. No escatimamos en bienestar animal: el mejor equipo técnico, seguridad, alimentación, medicamentos, exámenes médicos. Lo que ha sufrido la infraestructura es de cara al público, porque es muy vieja y cada día es más costosa de mantener. No vamos a permitir que el bienestar animal se vea afectado. Pero esto no da espera”, aseguró Farah Ajami, directora ejecutiva de la Fundación Botánica y Zoológica de Barranquilla.

Conservación en riesgo

Aunque el centro cumple actualmente con los estándares de la Asociación Latinoamericana de Parques Zoológicos y Acuarios (ALPZA), su ubicación y el tamaño del predio representan un freno para avanzar hacia criterios internacionales más exigentes en materia de bienestar animal y manejo de especies, como lo es la certificación por parte de la Asociación de Zoológicos y Acuarios de América (AZA).

“Con la modernización de los zoológicos, acuarios y las nuevas actualizaciones sobre bienestar animal, cada vez hay nuevos estándares. Algunos tienen que ver con espacio, otros con condiciones y sin duda siendo unas instalaciones que tienen 70 años pues no tenemos oportunidad de poder cumplirlos, sobre todo en temas de espacio para ciertas especies”, explicó Christian Olaciregui, director de Biología y Conservación del Zoológico.

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Algunas de esas especies forman parte de programas de conservación ex situ. Es decir, animales que requieren mantenerse bajo el cuidado humano como respaldo frente a la extinción.

De alrededor de 110 especies, 85 % son colombianas, entre ellas destacándose el paujil de pico azul, un ave endémica que está en peligro crítico de desaparecer al estimarse menos de 2.500 individuos.

El Zoológico ha desarrollado un programa para la conservación de esta ave en vida silvestre, con un trabajo de campo de la mano de las comunidades en los Montes de María y procesos de reproducción en cautiverio.

Sin embargo, la limitación del espacio reduce la posibilidad de contar con un plantel más amplio para el avance de los procesos de reintroducción a la vida silvestre , necesarios para el crecimiento del programa.

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En cuanto a los riesgos que representa para la conservación no realizar un traslado y la posibilidad de un eventual cierre al público, Olaciregui subrayó la importancia del Zoológico de Barranquilla al cumplir un rol histórico en la región Caribe.

“Somos una institución con una historia muy antigua en la región Caribe y no tenemos, en este momento, un par que pueda cumplir con esta tarea de conservación. Ese rol quedaría también vacío, que justamente desempeña un zoológico moderno, al ofrecer estas experiencias educativas y de poder cuidar animales que necesitan ser rescatados”, ratificó.

Estudios para el traslado

En 2013 se llevaron a cabo estudios técnicos, de mercado y georreferenciación, como criterios esenciales para contemplar el proyecto de reubicación.

Los resultados concluyeron que el nuevo zoológico debía permanecer dentro de Barranquilla o su área metropolitana, sin ir más lejos de Puerto Colombia, con el fin de garantizar el acceso al transporte público y condiciones normativas adecuadas para que el flujo de visitación no se vea afectado.

“Se han propuesto muchos lugares para reubicar el zoológico. Hay requisitos importantes: normativos, uso del suelo, infraestructura de servicios públicos, transporte público, suficiente espacio, área de amortiguación, estudio de impacto ambiental. Todo eso se hace para cualquier construcción responsable”, sostuvo la directora.

En ese sentido, también explicó que “hay un componente de mercado. El Zoológico no puede quedar fuera de la ciudad. El perfil de visitantes es de estrato bajo, medio y medio alto; el Zoológico no lo va a sostener solo el estrato alto. Tiene que ser un lugar donde la gente pueda llegar en transporte público, no solo en carro. Entre más lejos esté, más se incrementan los costos de operación. Tiene que ser céntrico para que los costos y el valor de la boleta sean razonables”, recalcó Ajami.

En la baraja de opciones se encontraba un lote de más de 450 hectáreas ofrecido por la empresa Bavaria, frente al peaje Papiros, en jurisdicción de Puerto Colombia. Aunque en su totalidad el Zoológico solo requería 30 hectáreas, el proyecto finalmente se desestimó.

Más recientemente, se ha evaluado una franja entre el sector de Ciudad Mallorquín y la Ciénaga de Mallorquín, que cuenta con apoyo técnico de Puerta de Oro y un posible aporte del lote como cesión anticipada obligatoria por parte de Grupo Argos.

Fuentes indicaron a EL HERALDO que, aunque no se ha concretado acuerdo alguno, desde el Negocio de Desarrollo Urbano expresan su disposición a trabajar de la mano con el Distrito y la entidad encargada.

“Técnicamente, el Zoológico está listo para mudarse hace mucho tiempo. Lo que falta es una decisión que tiene que tomar la ciudad”, puntualizó Ajami.

Reclamo ciudadano

Mientras se define su futuro, el Zoológico de Barranquilla sigue operando. Sus puertas siguen abiertas al público, que ha referenciado el aumento de la boletería como un “golpe directo” a su economía.

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Así lo referenció la ciudadana Vilma Herrazo Vilma, quien visita el zoológico cada quince días con su nieta desde hace más de cinco años.

“Últimamente he notado que muchos espacios están cerrados por arreglos y que no hay mucha diversidad de especies. Eso es algo que uno espera encontrar cada vez que viene, para que los niños sigan motivándose. El zoológico ya se está quedando pequeño para seguir disfrutando visitas tan constantes”, dijo.

Otros ciudadanos como Jason Medina destacan el valor educativo del espacio.

“Vengo por mi hijo de 2 años; la idea es que esto haga parte de su formación y de su crecimiento. En esta visita sí he notado algunas zonas deterioradas, esperaba una tarifa un poco más cómoda y que podría ser más accesible para incentivar la visita de familias. El zoológico es un espacio educativo y debería facilitar ese acceso”, puntualizó.