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En el departamento de La Guajira se encuentra ubicado un verdadero tesoro de biodiversidad. Las lagunas costeras en este territorio albergan más de 24 mil aves de 114 especies registradas, consolidándolas como un refugio vital para aves en peligro de extinción a nivel nacional como el flamenco rosado y la garza rojiza.

Estas dos aves amenazadas encuentran aquí un hábitat seguro que les permite sobrevivir y reproducirse, lo que reafirma la importancia de estos ecosistemas para la preservación de especies únicas.

Cada año, entre septiembre y abril, estos cuerpos de agua se convierten en un lugar de encuentro por la gran migración de aves que viajan desde Canadá y Estados Unidos en busca de refugio frente al invierno boreal.

Este fenómeno, conocido como migración neártica, conecta rutas del Atlántico, el Mississippi y el Pacífico, posicionando a La Guajira como un corredor biológico de importancia hemisférica, consolidando a la región como un sitio clave para 39 especies viajeras.

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Isagen, como parte de su compromiso con la región Caribe y en especial con La Guajira, donde operan dos de sus parques eólicos, financió un estudio de monitoreo a través de Corpoguajira,el cual fue adelantado por la firma MoAm, con el objetivo de conocer el comportamiento de estas especies.

Pese a que la financiación del estudio responde a un requerimiento establecido en la licencia ambiental –mediante el cual Corpoguajira define cada año las prioridades de investigación y los alcances de los proyectos, como se realizó en años anteriores con el estudio sobre el cangrejo azul–, para Isagen es la oportunidad de acercarse al conocimiento de la biodiversidad y la fragilidad de los ecosistemas costeros.

El estudio, liderado por la bióloga Clara María Pérez, profesional ambiental de Isagen, se llevó a cabo en diez lagunas costeras de la región durante dos temporadas climáticas completas. Es decir, entre octubre-noviembre de 2024 —época de lluvia— y febrero de 2025 —época seca—.

Fueron en total 650 kilómetros de costa desde Dibulla, en el sur hasta Uribia, en el extremo norte, incluyendo lagunas en tres subregiones distintas. En la Baja Guajira, bajo la influencia de la Sierra Nevada, se estudiaron las lagunas Mamavita, Trupía, Sabaletes y Ocho Palmas. En la Media Guajira, correspondiente a la zona de transición, se analizaron Buenavista, El Buey y Musichi. Mientras que en la Alta Guajira, de carácter desértico, se incluyeron Turima, Carrizal y Bahía Hondita.

Durante el monitoreo, los investigadores lograron identificar las diez especies más abundantes, que juntas representan el 74.2 % de todos los individuos observados. Estas diez especies comparten características evolutivas que las hacen especialmente exitosas en ambientes lagunares: Comportamiento gregario, es decir, se agrupan en bandadas grandes para optimizar la búsqueda de alimento y protegerse de depredadores.

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Asimismo, especialización alimentaria —sus picos y técnicas de alimentación están perfectamente adaptados a los recursos disponibles en aguas someras— y flexibilidad ecológica —pueden aprovechar diferentes microhábitats dentro de las lagunas según las condiciones cambiantes—.

Dentro de las especies más identificadas se encuentran el cormorán neotropical, gaviotín real, andarríos mayor, garza patiamarilla, pelícano, flamenco rosado, espátula rosada, gaviota reidora, andarríos patiamarillo y garza real.

Para la bióloga Clara María Pérez, lo que más llamó la atención a lo largo del monitoreo es la gran diversidad de especies en estos pequeños cuerpos de agua.

“Sí nos sorprendió la cantidad de especies, la biodiversidad tan grande que hay y también el conocimiento de las especies que son migratorias que hacen uso de estos pequeños cuerpos de agua. Entonces realmente para nosotros como empresa es como un primer acercamiento al conocimiento y a la importancia de estos ecosistemas”, explicó.

Aves en peligro

En el caso de las del flamenco rosado (Phoenicopterus ruber), ave emblemática de la región y clasificada ‘En peligro’ por el Ministerio de Ambiente, el monitoreo logró registrar 1.211 individuos con mayor concentración en la laguna costera Carrizal, con 812 ejemplares, lo que representa más de dos tercios del total.

Además, se identificaron poblaciones reproductivas en la laguna Musichi, grupos estables en Ocho Palmas y presencia esporádica en otras lagunas.

De acuerdo con el estudio, la vulnerabilidad del flamenco rosado radica en su alta dependencia de condiciones ambientales específicas: necesita salinidad adecuada para alimentar las algas que le dan su característico color rosado, profundidades de agua entre 20 y 60 centímetros para filtrar alimento, ausencia de perturbaciones humanas en la reproducción y cuerpos de agua estables durante todo el año.

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Además, su comportamiento nómada lo obliga a desplazarse constantemente entre diferentes lagunas en busca de las condiciones ideales, lo que aumenta su exposición a riesgos.

Otra de las aves en peligro de extinción es la garza rojiza (Egretta rufescens), la cual, según los investigadores, mostró una tendencia “esperanzadora”, registrando 211 individuos y clasificada como “vulnerable”.

La población reproductiva de esta ave se observó en Musichi, con presencia de juveniles que evidencian éxito en la reproducción. También se registraron grupos estables en Carrizal y zonas de alimentación en Bahía Hondita.

En el documento se destaca que hay “significativa” presencia de aves jóvenes en tres lagunas distintas, comparado con estudios anteriores que mostraban una disminución de esta especie.

Esta presencia, además, es un indicador clave de la salud ambiental, teniendo en cuenta que esta especie es altamente sensible a la contaminación del agua, la pérdida de manglares, los cambios en los flujos hídricos y las variaciones en la temperatura.

“El hecho de que se esté reproduciendo con éxito demuestra que las lagunas aún mantienen condiciones ambientales adecuadas y refuerza su importancia como espacios prioritarios de conservación”, se registra en la investigación.

Los manglares almacenan grandes reservas de carbono y funcionan como filtros naturales que limpian sedimentos y contaminantes antes de llegar al mar.

Apoyo de la comunidad

Dentro de la investigación, la participación de los pescadores y guías wayuú con su conocimiento tradicional fue fundamental.

Los guías señalaron los puntos de observación más adecuados en cada laguna, mientras que los pescadores compartieron información sobre los patrones estacionales de las especies y alertaron sobre movimientos inusuales, como los del flamenco rosado. Además, contribuyeron validando hallazgos y confirmando avistamientos históricos.

Los resultados se socializaron el 11 de junio en Dibulla y Riohacha, en un encuentro con 34 personas de 12 organizaciones diferentes y la participaron colegios y universidades, asociaciones de pescadores, representantes de comunidades wayuú, entidades públicas como Corpoguajira y alcaldías, así como empresas privadas y ONG ambientalistas.

Es de anotar que, desde Isagen, se resalta el potencial del aviturismo como fuente de desarrollo sostenible en esta región al tiempo que valora el interés de las comunidades en la conservación y la protección de especies vulnerables como el cangrejo azul y las aves acuáticas.

Tecnología de punta

La investigación implementó métodos innovadores que la hacen el estudio más avanzado en estos ecosistemas hasta la fecha.

Cabe destacar que se empleó un censo visual mejorado con puntos fijos situados de manera estratégica para cubrir el cuerpo de agua principal, el manglar costero y la vegetación acuática. Se llevaron a cabo observaciones cada 15 minutos, lo cual posibilitó la obtención de datos estadísticamente comparables.

Avanzar en más estudios en la región

Los investigadores advierten que estos ecosistemas están amenazados por actividades humanas como el turismo no planificado, la ganadería intensiva, el mal manejo de residuos, la deforestación, la alteración de cauces y lagunas y la pesca insostenible.

En ese sentido, recomiendan avanzar en investigaciones más detalladas sobre los gradientes internos de cada laguna, la productividad biológica, el estado de las poblaciones de especies clave, sus sitios y épocas de reproducción, así como un modelo para medir de forma clara la relación entre presiones y respuestas del ecosistema.