Ante estos hechos, la decisión más importante en marzo, mayo y junio de 2026 es elegir pensando en nuestra institucionalidad y democracia, que ha sido la más antigua y solida de Latinoamérica y respetar, así no nos gusten, esos pesos y contrapesos, y mejorar esta institucionalidad para que nunca más alguien abuse de ella o termine proponiendo constituyentes amañadas, para gobernar a su antojo.
Los nueve candidatos de la Gran Consulta amplían el panorama electoral para la Presidencia de la República. No solo ofrecen alternativas y enriquecen el debate: su decisión de unirse es una señal de que anteponen el interés del país a sus aspiraciones personales.
Después del costoso ajuste al mínimo, el impuesto al patrimonio para algunas pequeñas empresas y todas las medianas, puede llevar a muchos cierres y perderán el empleo miles de personas sin influencias para contratar con el Estado, así toque votar por quien sea.
Los colombianos estamos cansados. Cansados de gobernar desde la urgencia permanente, de que cada desacuerdo se convierta en crisis y de que los límites institucionales se presenten como estorbos.
Lo que pretenden está claro, desmontar uno por uno los pilares de nuestra arquitectura constitucional: la democracia, el Estado de derecho y el modelo de funcionamiento de los poderes públicos.