
La inteligencia artificial se adentra en el Vaticano. Este lunes el papa León XIV publicó su primera encíclica, Magnifica humanitas, un documento que plantea una de las discusiones éticas más profundas de la era digital, que es quién controla la tecnología y para qué fines se utiliza.
La publicación coincide con el aniversario 135 de la histórica encíclica Rerum novarum, texto que en 1891 transformó la doctrina social de la Iglesia al abordar las desigualdades provocadas por la Revolución Industrial.
Ahora, más de un siglo después, León XIV retoma ese legado para advertir que la nueva revolución tecnológica también puede profundizar la exclusión, concentrar el poder y deshumanizar la vida cotidiana si no se establecen límites éticos claros.
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“La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva, la cual es levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos”, escribió el pontífice en uno de los pasajes centrales del documento.
La encíclica plantea que la inteligencia artificial no es un problema en sí misma, pero sí lo es el modelo de poder que puede consolidarse alrededor de ella. León XIV advierte que el desarrollo tecnológico ya no está principalmente en manos de los estados, sino de grandes actores privados y transnacionales con capacidad de influir sobre la economía, la política, la información y hasta las decisiones humanas.
“El poder tecnológico adquiere así un rostro inédito, predominantemente privado, y por ello aún más difícil de discernir, gobernar y orientar hacia el bien común”, sostiene el texto.
La metáfora de la IA
Uno de los elementos más simbólicos de Magnifica humanitas es la comparación entre dos imágenes bíblicas como la torre de Babel y la reconstrucción de Jerusalén.
Para León XIV, Babel representa el riesgo de una humanidad obsesionada con el control, la eficiencia y la uniformidad, donde las personas terminan reducidas a datos, algoritmos y productividad. Jerusalén, en cambio, simboliza la construcción colectiva, el diálogo, la diversidad y la responsabilidad compartida.
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“Elijamos el camino de Nehemías”, escribe el Papa, aludiendo al personaje bíblico que reconstruyó Jerusalén mediante el trabajo comunitario y no desde la imposición del poder.
Un campo vulnerable
El debate planteado por el Vaticano encuentra eco en el ámbito académico. Para el experto en inteligencia artificial de la Universidad del Norte, Eulises Domínguez Merlano, el principal desafío no es tecnológico, sino humano y formativo.
“El aprendizaje no es simplemente recibir información o producir respuestas correctas. Aprender implica atención, motivación, emoción, error, diálogo, confianza y construcción de sentido”, explicó en conversación con EL HERALDO.
Desde su experiencia como psicólogo y formador de docentes, Domínguez sostiene que la IA puede apoyar procesos educativos, pero jamás sustituir el vínculo humano que existe entre maestro y estudiante.
“El docente no solo transmite contenidos. También interpreta contextos, reconoce trayectorias, acompaña dificultades, lee señales emocionales y ayuda a formar criterio”, señaló.
El académico coincide con la preocupación expresada por León XIV sobre el riesgo de delegar excesivamente el pensamiento en las máquinas. A su juicio, el problema no es que los estudiantes utilicen inteligencia artificial, sino que lo hagan sin conciencia crítica.
“Si la IA se convierte en un atajo cognitivo permanente, puede debilitar procesos fundamentales como la lectura profunda, la escritura argumentativa, la memoria comprensiva y el pensamiento crítico”, advirtió.
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La lógica de la eficiencia
La encíclica también cuestiona una visión productivista de la tecnología. León XIV insiste en que el progreso no puede medirse únicamente en términos de velocidad, automatización o rentabilidad económica.
“La verdadera realización no nace de la eliminación de las fragilidades, sino de un crecimiento armonioso”, afirma el Pontífice.
Ese enfoque también es compartido por Domínguez, quien considera que las universidades deben abandonar tanto la prohibición absoluta de la IA como su adopción acrítica.
“El reto no es vigilar mejor a los estudiantes, sino diseñar mejores experiencias de aprendizaje. Si una tarea puede ser resuelta íntegramente por una IA sin que el estudiante piense, quizá el problema no está solo en la IA, sino también en el diseño pedagógico”, mencionó.
Más allá del ámbito religioso, Magnifica humanitas se presenta como un llamado político, social y ético frente a uno de los fenómenos más determinantes del siglo XXI.





















