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Especial para EL HERALDO

El amor de Diomedes Díaz por sus padres Elvira Antonia Maestre Hinojosa, ‘Mamá Vila’, y Rafael María Díaz Cataño, traspasó las fronteras del sentimiento porque, como hijo mayor, supo los trabajos que les tocó pasar para sacar adelante a su familia en aquel viejo Carrizal. A ella la apoyo siempre y le prometió regalarle el mar con todos los ingredientes en su interior.

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A Rafael su progenitor, quien nunca se cansó de trabajar, lo señaló como un hombre sano, ejemplar y de alma buena. Además, pensando en regalos, lo pensó mucho hasta que se inspiró en un merengue que tenía el mejor título. A mi papá, tema en el que la memoria fresca hizo un repaso por la vida del hombre que cosechó en tierra fértil para que él viniera al mundo junto a nueve hermanos más.

“Voy a componé un merengue pa’ cantáselo a papá, un hombre que vive allá cerca de la población. Ese que con su sudor me dio el tamaño que tengo, y el hijo le salió bueno y ha sido un ejemplo de él. Y ojalá que puedas ver tu recompensa, mi viejo”, reza en la introducción.

En la extensa canción que grabó en 1981 con el acordeón de Nicolás Elías ‘Colacho’ Mendoza, reflejó la esencia del campesino trabajador, del hombre humilde, prudente, silencioso y a quien el tiempo siempre le daba la razón.

El viejo Rafa, quien era un hombre calmado, sencillo, común y corriente, cierto día fue invitado por su hijo a una de sus presentaciones, como nunca lo había hecho. Esa fue la ocasión para testimoniarle en público su amor, su admiración, su respeto y su sincero agradecimiento. En las imágenes quedaron esos momentos cuando lo abrazaba y le cantaba, teniendo la compañía del acordeonero Juancho Rois.

Rafael María apenas sonreía, porque no estaba en sus terrenos, que eran el campo o el patio de la casa, donde debajo de un palo de limón solía sentarse en un taburete por largas horas a cuidar sus gallos y a ‘Pachito’, un mico travieso. Así les daba oficio a las horas que no se quedaban quietas.

Pidió perdón a su papá

Cuando los sinsabores de la vida tocaban fondo, y las adversidades se le atravesaban en el camino, Diomedes Díaz hizo un alto. Con la sinceridad a flor de piel, plasmó un canto pidiéndole perdón a su amado padre.

“A mi papá, que fue el que me crió, le pido perdón, porque él debe de estar extrañado, y la vieja mía, con tanto esfuerzo que ellos me dieron la educación y hoy me da pena que estén sufriendo por culpa mía”.

‘El Cacique de La Junta’ buscó las mejores palabras donde el arrepentimiento estaba en primera fila. De esta manera, le dedicó la canción El Perdón.

“Papá, tú debes saber que, entre el bien y el mal, circula el hombre y Dios a su modo de ver prueba al hombre también con tentaciones, porque es posible que un hombre sano se vea enredado en un problema me les explica a mis hermanos y nunca dejes que no me quieran”.

Después de fallecer su padre el 14 de septiembre de 2007, cuando contaba con 77 años, lo volvió a recordar. “Canto y rezo una oración, ay por medio de mi canto, y como es un verso santo lo digo de corazón, quien lo tenga vivo, un abrazo, quien lo tenga muerto, una flor”.

Un hijo agradecido

En ese lapso de la añoranza apareció la canción Hijo agradecido con la que Diomedes Díaz participó en 1976 en el Festival de la Leyenda Vallenata, ocupando el tercer puesto. El joven compositor reconoció todo el sacrificio que hicieron sus padres para sacarlo adelante al lado de sus hermanos. Esa vez, tenía 19 años, y cantó. “En el mundo no hallaron un obsequio material para poder pagar a mi padre y a mi madre, al instante recuerdo y siento ganas de llorar al pensar que aquellos tiempos que lucharon para criarme”.

Cortesía aDiomedes nació en el seno del hogar conformado entre Elvira Maestre Hinojosa y Rafael María Díaz Cataño.

Con la inspiración a toda vela, contó en el canto esa experiencia vivida donde diversas necesidades planteaban alternativas para salir adelante y sus viejos eran el más preciado tesoro.

“Todo esto es imposible porque no hay con qué pagar, esta sencilla crianza que le dan a uno sus padres, que cuando estás pequeño te enseñan a trabajar, para que cuando ellos mueran se defienda uno más tarde”.

El viejo Rafa fue ese padre con el que jamás hubo distancias, cosas inalcanzables y menos existió la palabra imposible. Padre e hijo se amaron tanto que una vez Diomedes le preguntó sobre qué quería. Después de pensarlo, el viejo le respondió. “Diome, no quiero nada, solamente anda por el mejor camino cultivando la semilla de la vida, para que coseches los frutos que mereces”.

De hecho, sus restos mortales reposan uno al lado del otro.

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Elver Díaz, hermano de El Cacique de La Junta, explicó que frases icónicas como: “¡De papá pa’ acá que vivan los hombres!”, que se escuchan en varias de sus canciones, son un reconocimiento a su viejo. “Mi hermano se apoyó mucho en papá para homenajear a los hombres, eso lo hacía con el fin de que el hombre fuera reconocido por la mujer con el valor que se merece, sin pasar por encima de las reinas de la casa”.