Además de marcar el paso del tiempo, en Colombia, la edad también define oportunidades. “No tiene experiencia” o “ya no está para esos ritmos” son frases que, sin figurar en ninguna norma, siguen moldeando decisiones cotidianas. Ese fenómeno, conocido como edadismo, ha estado siempre presente, pero hasta ahora no tenía cómo medirse en el país.
Con la intención de llenar ese vacío, un grupo de investigadores de la Academia Nacional de Medicina de Colombia, en alianza con la Universidad de la Costa, la Universidad de Pamplona y la Longevidad Saludable, puso en marcha la primera Encuesta Nacional de Edadismo, un ejercicio que busca convertir percepciones en datos y experiencias en evidencia.
El concepto no es nuevo. La Organización Mundial de la Salud lo define como la discriminación, los estereotipos y los prejuicios basados exclusivamente en la edad. Sin embargo, su normalización ha impedido que se reconozca como un problema estructural.
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En Colombia, donde conviven una población joven en crecimiento y un aumento progresivo de adultos mayores, esa tensión generacional se expresa que no hay cifras oficiales que den cuenta de cuántas personas han sido afectadas.
La encuesta, diseñada por los investigadores Juan-Manuel Anaya, Lorena Cudris-Torres, Iván David Lozada y Andrés Gómez Acosta, se construyó a partir de lineamientos internacionales y busca analizar el fenómeno desde tres frentes. El primero, el institucional, examina cómo empresas y entidades públicas reproducen o combaten estas prácticas.
El segundo, el interpersonal, observa cómo se manifiestan en la vida diaria, en el trato entre personas. Y el tercero, quizá el más complejo, es el autoedadismo: cuando el individuo interioriza esos prejuicios y termina limitándose a sí mismo.
Medir para poder analizar
De acuerdo con el investigador Juan-Manuel Anaya, hay ancianos que superan los 100 años y que, lejos de ser solo símbolo de longevidad, revelan grietas profundas en la sociedad como la discriminación por su edad y familias que, sin preparación, asumen el peso de su cuidado.
“Yo trabajo en un programa que se llama longevidad saludable, y ese programa se alimenta de un proyecto científico que se llama el proyecto centenarios. Tiene como objetivo evaluar a la población mayor de 100 años del país, lo que se llaman los centenarios”.
En Colombia, hablar de envejecimiento digno se ha vuelto cada vez más frecuente. Hay foros, campañas y programas que ponen sobre la mesa la necesidad de cuidar mejor a los adultos mayores, pero, en la práctica, esa conversación sigue chocando con la discriminación por edad.
“Todo lo que se haga no va a tener el impacto necesario si primero no resolvemos el problema del edadismo. Nada se gana diciendo ‘a los adultos mayores hay que hacerles esto o lo otro’, si en realidad, en el fondo, lo que hay es una discriminación hacia el adulto mayor”.
En paralelo, el país empieza a hablar de la llamada economía de la longevidad, un fenómeno impulsado por el crecimiento acelerado de la población mayor. “Cada vez los longevos van a demandar más y pueden ofrecer más”, explica Anaya, al señalar que este grupo está ganando peso dentro del producto interno bruto.
Hace énfasis en que el punto de partida, es reconocer que el país no puede copiar diagnósticos ajenos. “Los estudios de edadismo se han hecho en Europa, pero la población europea es muy distinta a la población colombiana, por lo que no puede ser igual”.
Además, el edadismo tiene consecuencias directas en la salud emocional y social.
“Sabemos que el edadismo no solamente tiene un impacto sobre la salud mental, sino que aísla a las personas, aumenta la ansiedad, aumenta la depresión”.
Resalta que cada actor social debe asumir roles claros para enfrentar el edadismo; en particular, la ciudadanía debe participar más en los debates, exigir evidencia para las políticas públicas y revisar sus creencias para evitar que se normalicen los prejuicios por la edad.
“Ningún hallazgo científico sobre longevidad tendrá el efecto deseado si no se conoce y combate primero el edadismo. Medir para conocer y mejorar. Esta es la ruta que hemos elegido para fomentar una Longevidad Saludable. No sobra recordar tampoco que Colombia es el país de las Américas que más rápido envejece”, explicó.


