Barranquilla amaneció este lunes con una noticia que enluta a uno de sus sectores más emblemáticos. Falleció Josefina Cassiani, reconocida matrona de Barrio Abajo, una mujer que convirtió su cocina en un símbolo de memoria, tradición y resistencia cultural para generaciones de barranquilleros.
La noticia fue confirmada por organizaciones culturales y comunitarias del sector, entre ellas Barrio Abajo Tour, que lamentó la partida de quien durante años abrió las puertas de su casa para compartir no solo recetas, sino también relatos sobre la historia y la identidad del barrio.
“Hoy Barrio Abajo despide a una mujer que convirtió la cocina en memoria viva. Josefina Cassiani nos enseñó que cada receta guarda una historia y que los sabores también son parte de nuestra identidad”, expresó la organización a través de redes sociales.
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Josefina era ampliamente conocida por atender a visitantes locales, nacionales y extranjeros en el patio de su vivienda, donde cada plato llevaba una narrativa propia. Su lema, convertido en sello personal, resumía su visión de la gastronomía como patrimonio vivo: “En su casa, la historia también se come”.
Más allá de su sazón, Cassiani fue una de las principales exponentes de la cocina tradicional del Caribe colombiano. Su famoso sancocho de guandú, considerado por muchos como uno de los mejores de Barranquilla, se convirtió en parada obligatoria para quienes buscaban probar sabores auténticos del Carnaval y de la tradición culinaria barranquillera.
Su trayectoria le valió importantes reconocimientos. En 2007 recibió el Premio Nacional de Gastronomía, otorgado por el Ministerio de Cultura, distinción que la consolidó como portadora de tradición y referente de la cocina popular colombiana.
Además, fue figura recurrente en eventos como Sabor Barranquilla, donde compartió escenario con chefs y cocineras tradicionales de distintas regiones del país. En Barrio Abajo, considerado uno de los corazones culturales de Barranquilla y cuna de múltiples manifestaciones del Carnaval, la partida de Josefina representa la despedida de una de sus voces más auténticas.
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Su cocina no solo alimentó a quienes llegaban hasta su casa, sino que preservó recetas heredadas por generaciones de mujeres afrocaribeñas, convirtiendo cada preparación en una lección de historia local.
Con su muerte, Barranquilla pierde a una de sus grandes guardianas del patrimonio inmaterial. Sin embargo, su legado permanecerá vivo en cada plato servido, en cada historia contada alrededor de una mesa y en la memoria de quienes encontraron en su patio mucho más que comida: un viaje al alma de Barrio Abajo.
“Gracias, matrona querida, por alimentar el alma de nuestro barrio. Tu sabor y tu memoria vivirán por siempre”, concluyó Barrio Abajo Tour.


