No tenían casi nada. Apenas unas mesas viejas que tenían que ajustar con libros para que no se movieran, y muchas ganas de aprender. Así empezó el camino de un grupo de seis estudiantes del colegio San Rafael, en Albania, La Guajira, que hoy celebra un logro que ya cruza fronteras.
Son ellos quienes acaban de ganar un concurso de robótica y representarán a Colombia en un campeonato internacional en México. Detrás del logro hay disciplina, talento y una realidad que no siempre juega a favor.
“Con mucho esfuerzo, ya vienen trabajando desde el 2024 en el área de robótica educativa exactamente con Lego, a través de una competencia internacional que se llama la First Lego League”, explicó Claudia Banoy, directora de la Fundación Fondecor, organización que ha acompañado el proceso.
La First Lego League reúne clubes de robótica de todo el país y del mundo, tanto de instituciones públicas como privadas, en distintas categorías. Los estudiantes guajiros compiten en la categoría Challenge, considerada la más exigente.
Primero enfrentaron un torneo regional en el Caribe, donde compitieron contra más de 18 equipos. Allí lograron el cupo al nacional. Luego, en Cartagena, se midieron con más de 50 equipos de todo el país.
“Se ganan un premio que se llama ‘Premio Estrella en Ascenso’, y ese premio les otorgó el cupo para representar a Colombia en el Open Internacional”.
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El próximo 27 de mayo, en Guadalajara, México, estos jóvenes estarán en lo que ya consideran su “mundial”. Una competencia que, simbólicamente, se jugará en la misma ciudad donde días después competirá la selección Colombia de cara a la cita mundialista 2026.
“La Guajira, al ser la segunda región de Colombia con mayor pobreza monetaria, según el Dane, tiene necesidades multidimensionales. Entonces, que estos chicos ganen en una competencia de este nivel es una gran muestra de que sí se puede salir adelante con disciplina y mucho esfuerzo”, afirmó Banoy.
La Fundación Fondecor ha acompañado este proceso desde 2019, brindando herramientas y apoyo para sostener el proyecto. Sin embargo, fue después de la pandemia cuando el grupo comenzó a destacar con rapidez.
El viaje a México ya es un hecho, pero el reto ahora es hacerlo en las mejores condiciones posibles. “Eso significa uniformes, equipos, transporte de los robots, materiales y hasta detalles simbólicos para compartir con delegaciones de otros países”.
Inspiración guajira
La competencia también exigía investigar y proponer una solución real a un problema. En su caso, decidieron mirar hacia su propio territorio.
Su proyecto giró en torno al pez león, una especie invasora en el Caribe, pero no se quedaron en el diagnóstico. “No era solo decir que no lo queremos, sino buscar cómo aprovecharlo económica y turísticamente y reducir su población”, dijo Natalia de León.
El tiempo tampoco jugó a su favor. Pasaron de la fase regional a la nacional en cuestión de semanas. Aprendimos todo corriendo: a programar, a investigar, las reglas del robot. Cuando nos llamaron a un premio especial… salimos corriendo. Cuando subimos ya estábamos llorando, porque era algo impresionante”.
A su lado está Samuel David Ballesteros, de 17 años, el programador del equipo. Su visión desmonta uno de los mitos más comunes. “No se necesita ser experto en matemáticas. Esto se basa más en la diversión y en querer aprender”.
La máquina, llamada RAAI (Robot Arqueológico Autónomo inteligente), se programa con un software de Lego llamado Spike Prime, que permite distintos niveles de complejidad.
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Juan Esteban Posada, de 17 años, ha sido una de las voces que sostuvo el orden dentro del equipo. “Cada temporada cambiamos los roles. En la primera fui el capitán del equipo, me encargaba de que todo estuviera en orden y que cada quien cumpliera su trabajo. Ahora soy project manager, que básicamente también se encarga del orden y de que todo esté listo en el tiempo estipulado”, expresó.
Juan habla desde la experiencia de haber empezado con desventajas. “Nosotros teníamos todo en contra al inicio. Nivelábamos la mesa con cuadernos, el robot se nos caía y se desarmaba”.
También enfrentaron limitaciones tecnológicas. “Empezamos con un set más antiguo, el EV3, mientras otros tenían el Spike, que es más nuevo. El robot se nos desfasaba mucho”.
Sin embargo, en lugar de frenar, esas dificultades se convirtieron en aprendizaje. “Esos errores nos hacen hoy estar aquí y estamos muy orgullosos”.


