Barranquilla es una ciudad donde los espacios para la exhibición artística han sido históricamente limitados. Sin embargo, aquí aparece ‘Musa Home Gallery’, que emerge como una apuesta singular que desafía los formatos tradicionales del arte.
A cinco años de su creación, este proyecto creado por la directora Cielo Támara y el curador Miguel Iriarte, se consolida como la primera galería en casa del Caribe colombiano, impulsando a más de 50 artistas locales e internacionales, con un énfasis notable en el arte contemporáneo cubano.

Desde su origen, Musa además de convertirse en un espacio de exhibición, también ha sido una extensión de una vida dedicada al arte. Ambos gestores acumulan más de tres décadas de experiencia en el sector cultural, en especial durante su paso por la Corporación Luis Eduardo Nieto Arteta (CLENA).
“No podíamos dejar de lado ese aprendizaje ni esa experiencia en el mundo del arte”, recordó Támara, al explicar cómo, tras su salida de la entidad, la idea de crear una galería propia, que durante años fue solo un proyecto en blanco y negro, terminó tomando forma.
De la institución a lo íntimo
El primer intento de materializar este sueño se dio con el apoyo de la Universidad Simón Bolívar, en un espacio que funcionó como antesala del concepto actual. Sin embargo, fue en la transformación de un apartamento privado donde nació definitivamente Musa como “Home Gallery”, un formato inspirado en experiencias europeas y estadounidenses, donde el arte convive con lo doméstico, Así lo explicó Cielo Támara a EL HERALDO.

“Vimos el espacio, lo adecuamos con luces de galería y de hogar, y montamos la primera Home Gallery de la ciudad. Este modelo, aunque es restringido en acceso, pues funciona bajo invitación y citas privadas, lo que se ha convertido en una ventaja estratégica que redefine la relación entre el espectador y la obra”.
A diferencia de las galerías tradicionales, donde el flujo de visitantes puede diluir la experiencia estética, Musa propone un encuentro íntimo donde las personas pueden relacionarse mejor con las obras.
“Aquí el espectador dialoga con la obra sin presiones, a veces con un café o una copa de vino. Esta cercanía permite una conexión más profunda, casi familiar, donde el visitante no es un transeúnte sino un invitado. Sin embargo, este mismo carácter privado representa uno de sus principales retos, el acceso limitado. Aun así, nosotros consideramos que el formato responde a una necesidad real en la ciudad, que es la falta de espacios para la exhibición artística”, dijo el curador Miguel Iriarte.
Curaduría y pedagogía
Uno de los pilares de ‘Musa’ es su enfoque curatorial. Nada se exhibe sin el aval de Iriarte, pues su experiencia marca el rumbo de cada muestra. “Apostar por nuevos nombres, arriesgar con artistas no reconocidos, hace parte de una dimensión pedagógica”, afirmó el curador.

En estos cinco años, la galería ha realizado cerca de 20 exposiciones, construyendo una narrativa de ligada a personajes locales, pero también con figuras internacionales. Desde obras del chileno Enrique Lamas hasta piezas de reconocidos creadores cubanos como Arturo Montoto o Javier Barreiro, ‘Musa’ ha tejido una red artística diversa. “A esto se suma la creación de iniciativas como el ‘Café Arte Musa’, unos encuentros que se realizan tres veces al año; en Carnaval, verano y Navidad. Estos buscan dinamizar tanto la apreciación como el mercado del arte. Movemos la colección, atraemos nuevos públicos y generamos conversación”, explicó Támara.





















