Aparece sonriente ante la cámara, está feliz por la decisión que ha tomado a sus 88 años. El cantante puertorriqueño Robert Cruz Ramos, conocido en el mundo salsero como Bobby Cruz, ha anunciado su retiro definitivo de los escenarios, luego de más de 60 años de trayectoria, tiempo en el que marcó una época dorada al lado del pianista Richie Ray.
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“Me he despedido como 20 veces, pero esta vez es definitivo”, dice con voz firme en su diálogo con EL HERALDO desde Houston, Texas (EE.UU.).
Luce una gorra de los Marlins de la Florida, equipo en el que triunfó el barranquillero Édgar Rentería, algo que demuestra una conexión directa con nuestra costa Caribe colombiana. Y así lo es, porque reconoce que fue por la Puerta de Oro de Colombia por donde entró su música.
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Aún siente que le hace falta cumplir algunos sueños en territorio currambero, donde se siente muy amado; por ejemplo, anhela cantar el himno de Colombia en un partido de la Selección Colombia en el estadio Metropolitano. Sin embargo, se apega a los mejores recuerdos de la capital atlanticense, como aquel Carnaval de 1968, donde realizaron cinco presentaciones, desatando así una locura colectiva.
Su último concierto se cumplió en San Juan de Puerto Rico este 27 de febrero, donde estuvo respaldado por su fórmula de siempre, el pianista Richie Ray y por la imponente Orquesta Filarmónica de Puerto Rico. Quienes asistieron se quedarán con una presentación digna de enmarcar.
En conversación con esta casa editorial, este durísimo de la salsa nacido en Hormigueros, Puerto Rico, tal como lo dijo en 1987, en el tema Adiós a la salsa, que fue prensado en el álbum Los inconfundibles, cumple su promesa y seguramente tendrá una vida mucho más tranquila.
A continuación compartimos apartes de la entrevista.
Después de más de 60 años de carrera, ¿qué lo llevó finalmente a tomar la decisión definitiva de retirarse de los escenarios?
Son más de 60 años de escenarios y yo creo que ya está bueno; acabo de hacer el concierto sinfónico del retiro en Puerto Rico, algo majestuoso. Como tú debes saber, yo me he retirado como 20 veces, pero cada vez que me retiraba, yo decía: si alguien tiene tiempo y hacía el gesto de dinero, me saca del retiro, y siempre había alguien que tenía tiempo, no importa el precio que yo dijera; yo daba un precio para que dijeran que no, pero por el contrario, de una me decían que a dónde me mandaban el contrato y terminaba regresando. Pero esta vez yo dije: no es cuestión de tiempo, no es cuestión de dinero, esta vez es definitivo, es una decisión que tomé con mis hijos. Mi esposa murió, yo vivo con una de mis hijas, así que la decisión se tomó en familia teniendo en cuenta mi edad. Debo retirarme por todo lo alto y no esperar morirme en tarima. No sabes cuántas llamadas tengo, que me dicen que tenemos tiempo, pero ya hasta aquí llegamos.
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Háblenos de ese concierto del retiro que tuvo el pasado 27 de febrero en el Coca-Cola Music Hall de Puerto Rico
La orquesta de Bobby Cruz se compone de 16 músicos. En este último concierto había 65 músicos, una orquesta sinfónica; fue una cosa especial. Yo creo que no se puede hacer ahora otra cosa que supere esa noche. Entonces, ¿para qué volver a los escenarios? Ya está bien. Me retiré por todo lo alto con una orquesta sinfónica; había mucha gente llorando en el público, fue muy emotivo.
¿Cómo cree que lo va a recordar la gente como artista y persona?
Bueno, yo creo que siempre me recordarán por el sonido bestial, esa es mi marca. Me retiro, pero les dejo mi sonido bestial.
¿Qué siente hoy al mirar por el retrovisor esa carrera que construyó?
Como todo, hay muchas cosas que uno se arrepiente de haber hecho. Cuando tenía como 20 años, me presentaron el mundo con un regalo; yo quería tomarme todo el licor del mundo, usar todas las drogas del mundo, acostarme con todas las mujeres; yo quería hacerlo todo a esa edad. No quería que se me perdiera nada, y en esa euforia, pues uno comete muchos errores, de los cuales yo hoy me arrepiento.
Su unión artística con Richie Ray es una de las más legendarias de la salsa. ¿Qué concepto tiene de este pianista?
Richie, yo creo que el mundo entero lo acepta como el mejor pianista. Él admiraba mucho a Charlie Palmieri, y creo que Charlie influyó mucho en la carrera de Richie también; pero tú tenías que ver a Richie tocando piano en el último concierto; yo que lo conozco de toda la vida, estaba impresionado.
Si tuviera que elegir tres canciones que definan la historia musical de ustedes, ¿cuáles serían y por qué?
Sonido Bestial, Jala jala y Abúsate.
¿Qué ha pensado hacer ahora que se retira de los escenarios?
Yo sé ya lo que va a pasar. No me pueden tener en los escenarios, pero me van a estar invitando para otras cosas. Ya tengo, según mi manager, invitaciones donde me quieren hacer un homenaje; allá seguramente me pedirán que cante tres canciones, pero sería una locura porque la gente no me dejaría bajarme de la tarima, me sacarían a tomatazos si no sigo cantando. Entonces, eso me tiene un poco detenido, pero tengo muchas ofertas para algunos homenajes y cosas de ese tipo.
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Su primera presentación en Colombia fue en Barranquilla ¿Qué representa nuestra ciudad para usted?
Barranquilla está ligada a la historia de Richie Ray y Bobby Cruz. Esto comenzó con unos colombianos dueños de una emisora, no quiero hablar, pero es una emisora de Barranquilla y los dueños vinieron a Nueva York en busca de Tito Puente. Querían contratar a Tito, pero tenía la agenda llena y él nos recomendó a nosotros. Entonces ellos vinieron a un baile que hacíamos en un hotel en Broadway; allí nos contrataron para llevarnos a Barranquilla. Lo que ellos no sabían era de la popularidad que nosotros ya teníamos, pues éramos conocidos en aquel tiempo como “Los Beatles de Latinoamérica”. Estábamos superpegados con un ritmo que se llama Boogaloo, y nos llamaban “los reyes del Boogaloo” en aquel tiempo. Entonces el dueño de la emisora nos dijo: si ustedes le hacen un Boogaloo a Colombia, yo los contrato. Entonces yo dije: bueno para mañana es tarde, hicimos un boogaloo que se llama Voy pa’ Colombia, y así pues entramos a Colombia por Barranquilla.
¿Tiene algunos sueños por cumplir todavía en Barranquilla?
Bueno, sueño con tener una estatua en el Malecón del Río, pero eso no depende de mí, depende de Barranquilla, porque eso pues, es un honor que me harían. También me gustaría cantar el himno de Colombia en un partido de la Selección Colombia; ya que no voy a estar en los escenarios, esa sería una linda manera de reencontrarme con el público de Colombia, que es para mí y para Richie nuestra segunda patria. Entonces, cantar el himno nacional en Colombia es como cantarlo en Puerto Rico, aunque en mi isla ya no me piden que cante el himno nacional tradicional, sino que me piden que cante el que yo grabé, que se llama Mi Bandera.
¿Cuál es ese mensaje que le deja al pueblo barranquillero, a ese bailador arrebata’o que tanto ha gozado y disfrutado de ese repertorio suyo?
El mensaje yo se lo dejo es a la radio. La salsa ahora sin Richie y Bobby no muestra a nuevas figuras, entonces el mensaje es para la radio: necesitan renovar los intérpretes, necesitan traer nueva sangre. Mira, cuando Richie y yo entramos, la música latina estaba casi muerta. Era mambo, pachanga; lo último que estaba sonando era la pachanga, y la pachanga no gustaba mucho porque el baile era un poco complicado. Pero Richie y yo cogimos la batuta y la música latina volvió a treparse arriba y se ha mantenido. Yo creo que la salsa es el género que más ha durado. La salsa duró más que el mambo, más que la pachanga, más que el chachachá. Entonces, como ya Richie y yo nos retiramos, hay que abrirles paso a nuevas figuras. La juventud se queda a mis pasos, pero como las emisoras de salsa no les dan entrada, pues se van por el reguetón y se van por otro lado; yo conozco a los reguetoneros, todos ellos son salseros, y si les hubieran abierto las puertas, fueran los nuevos salseros de hoy, pero no, no les quisieron abrir las puertas y ellos mismos abrieron puertas con su reguetón.


