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Al pasar por la calle 68 No. 50-125, en el Norte-Centro Histórico de Barranquilla, nadie imaginaría que la cultura y la gastronomía confluyen puertas adentro. Sus grandes rejas negras y la amplia terraza con árboles, tan propias del sector, apenas dejan entrever que, al cruzar el umbral, hay una historia sabrosa que muchos quisieran probar con cuchara en mano.

La casa Colorá’ como fue adoptada, pertenece a Diana Polo, barranquillera de 41 años, comunicadora social, que un día cambió el periodismo por los fogones sin perder el hilo de lo que siempre ha sido, toda una narradora de historias. Solo que ahora las cuenta con yuca, queso y ají.

Su camino no comenzó en la cocina. Estudió en Barranquilla, se fue a Bogotá y luego a Europa a hacer una maestría en Comunicación Empresarial. Fue allá, lejos del Caribe, donde entendió algo que aquí parecía cotidiano. Comprando un mango en un mercado europeo cayó en cuenta de la riqueza que tenemos y que muchas veces no vemos.

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Colombia no es un país pobre en alimentos ni en tierra fértil; al contrario, es uno de los territorios con mayor biodiversidad comestible por kilómetro cuadrado en el mundo.

De regreso al país trabajó como estratega digital, incluso con cuentas institucionales de alto perfil. Aprendió a moverse entre algoritmos y métricas, pero en paralelo empezó a escribir sobre gastronomía.

“Terminé conociendo mucha gente del campo y me di cuenta de la vergüenza y la desfachatez que tenemos todos al momento de comer en grandes cantidades, y ni siquiera cosechar, el ají topito. Y pensé en que aquí está el valor de la gente, está en el campo, porque son la base de todo el sistema mundial. Entonces, empecé a trabajar con clases virtuales en la pandemia, de cocina con 200 estudiantes”.

Jeisson Gutierrez

Saborear la cultura

La casa también respira libros. En una de las salas funciona una biblioteca especializada en cocina, donada por chefs, reposteros y bartenders que han querido dejar allí parte de su legado.

“La gente puede venir cualquier día de la semana a consultar libros de gastronomía”.

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El mueble que sostiene esos textos perteneció a Álvaro Cepeda Samudio. Es de caoba, tiene más de 100 años y fue restaurado gracias a donaciones de seguidores de la cuenta de Instagram de ‘La Cuchara Colorá’. En las paredes cuelgan obras donadas por artistas como Chicho Ruiz.

“El próximo14 de marzo abriremos la primera librería low cost (bajo costo) de Barranquilla. Los libros van de 5.000 a 15.000 pesos, no solo usados, también hay nuevos. La idea es democratizar la lectura”.

Por eso insiste en llamarla casa cultural gastronómica: “Es un lugar en que se vive la pedagogía. Todo el tiempo tenemos eventos, talleres y un sinnúmero de experiencias. Algunas son gratuitas, otras pagas”.

Alimentos únicos

Ahora, además de las experiencias programadas, la gente puede entrar simplemente a comer. “Nos lo pidieron. Querían venir sin necesidad de inscribirse en todo el protocolo de una experiencia”.

Al mediodía ofrecen platos para picar y fuertes elaborados con productos que llegan directamente del campo. Trabajan con una asociación de 23 familias campesinas de los Montes de María, además de productores de la Sierra Nevada, el Atlántico, el Valle del Cauca y el Cauca, hacia el Pacífico.

Cada uno de esos platos tiene sello propio. El sancocho de guandú rompe la regla. No se prepara con grano seco, sino con guandú verde que trae la familia Rúa desde Sibarco, en Baranoa. Ellos cultivan 48 tipos distintos y aquí se hace con bondiola de cerdo ahumada al barril con una leña que traemos de Córdoba”.

Mientras conversaba, Diana sostenía una olla de barro y contaba que, para culturas del sur del país, especialmente pueblos indígenas, ese elemento representa el útero de la mujer. Es el lugar donde se crea la vida.

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“El alimento es vida y el palote de madera que remueve la preparación simboliza lo masculino. Entre la olla y el palote, entre lo femenino y lo masculino, se da el acto de creación. Ahí se gesta la vida”, expresó Polo.

Beneficiando al campesinado

Todos los primeros domingos de cada mes, la casa abre también como mercado campesino. Un puente directo entre productor y consumidor, sin intermediarios que diluyan el esfuerzo del campo.

Es así como se podrán conectar los productores del Atlántico con la ciudad. Participarán agricultores de Sibarco, Galapa, Suan y Santo Tomás con productos tradicionales del campo e insignia de cada municipio. La jornada irá desde las 9 a. m. hasta las 5 p. m. El mercado también contará con la presencia de cultivadores de Guarne, Antioquia, entre otros.