Barranquilla vuelve a 1930. A sus calles amplias, a las baldosas en blanco y negro de las casonas republicanas, al bullicio que llegaba por el río Magdalena y a las conversaciones en distintos acentos que se cruzaban en el tradicional barrio El Prado. Ese es el escenario que el periodista barranquillero Salomón Asmar reconstruye en La condesa de El Prado, su primera novela, que se lanza este viernes en Casa Emiliani (carrera 59 No. 59-144) a partir de las 7:00 p. m.
El joven de ascendencia libanesa afirmó en su visita a la redacción de EL HERALDO que la obra ambientada en el icónico barrio El Prado es una declaración de amor a la ciudad y a su historia migratoria.
“Es una carta de amor a Barranquilla”, sostiene, y no lo dice como fórmula promocional, sino con la convicción de quien ha dedicado buen tiempo para pulir cada párrafo. Recuerda incluso que la primera palabra la escribió el 3 de enero de 2024 mientras trabajaba en una historia que nació como proyecto de tesis mientras cursaba la maestría en Escritura Creativa en la Universidad Complutense de Madrid.
De aquellas 80 páginas iniciales hoy quedan 380 que recorren una ciudad en su apogeo comercial y cultural.
La protagonista es Josefina Alcázar, una joven bogotana que llega a Barranquilla en febrero de 1930, antes del carnaval, huyendo de conflictos familiares y en busca de una historia que la consagre como escritora. Se hospeda en el emblemático hotel del sector y pronto queda envuelta en una serie de desapariciones que mantienen en alerta a la ciudad.
El barrio El Prado (declarado patrimonio nacional) no es en la historia un telón de fondo, sino epicentro del misterio. Allí convergen las familias más influyentes, muchas de ellas de origen migrante, que dominaron la industria, el comercio y la política en la primera mitad del siglo XX.
En esa atmósfera se cruzan dos figuras clave: Antonio Falke, nuevo alcalde de la ciudad y heredero de una familia alemana asentada en el barrio, y Helena, una enigmática mujer proveniente de Europa del Este, cuya presencia intensifica el halo oscuro que rodea las desapariciones.
Realismo Mágico con sombras
Si tuviera que definir el género, Asmar habla de “Gótico Caribe”. Una mezcla entre el Realismo Mágico propio de la tradición literaria costeña y los elementos sombríos del gótico europeo, que incluye vampiros, presencias inquietantes, tensiones políticas y sociales.
“¿Por qué no imaginar que, en medio de esa ola migratoria que llegó a Barranquilla, también arribara alguien desde Europa del Este trayendo consigo otros mitos y otras oscuridades?”, se pregunta el escritor.
La novela se mueve en una línea de tiempo alterna: condensa hechos históricos que en realidad ocurrieron en distintos momentos de la década. El hotel, por ejemplo, abre antes en la ficción; otros hitos urbanos aparecen anticipados. No es una novela histórica en sentido estricto, aclara, sino una ficción ambientada en esa época dorada que marcó la identidad de la ciudad.
Uno de los pilares del libro es la memoria migratoria. Sirio-libaneses, italianos, alemanes, antillanos y migrantes internos provenientes de los Santanderes, Santa Marta, Ciénaga y la zona rural de Bolívar aparecen como parte de esa mezcla única que dio forma a la Barranquilla moderna.
Asmar, también de ascendencia libanesa, reconoce que escribir la novela fue una forma de rendir tributo a esas familias que llegaron por Puerto Colombia y Sabanilla con la intención de forjar un futuro.
Para lograr verosimilitud, el autor acudió al Archivo Histórico del Atlántico y a investigaciones académicas sobre el desarrollo industrial de la ciudad. También rememora los especiales periodísticos sobre el centenario de El Prado en 2020, los cuales fueron publicados en EL HERALDO.
De la redacción a la ficción
Antes de dar el salto a la narrativa, Asmar pasó por las salas de redacción de EL HERALDO y La República.
Entró a EL HERALDO con apenas 21 años y allí encontró la libertad para explorar la crónica y las historias locales. Sostiene que en La República aprendió el rigor y la responsabilidad con la información.
“En el periodismo uno no puede dejarse llevar por las florituras; en la literatura sí hay una libertad distinta”, reflexiona.
Esa tensión entre disciplina y creatividad se percibe en La condensa de El Prado, una novela que combina documentación histórica con imaginación desbordada.
El libro es autopublicado bajo el sello Medusa Libro, proyecto editorial que el propio autor presenta simultáneamente.
La portada, diseñada por el barranquillero Andrés Manjarrés Felfle, muestra tres pétalos de amapola en forma de gotas de sangre, símbolo del triángulo central de la historia: Josefina, Helena y Antonio, y unas baldosas blancas con negras, un clásico de las casonas de El Prado.


