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Faltaban apenas 15 minutos para que comenzara el desfile cuando el Rey Momo apareció entre la gente. Adolfo Maury venía corriendo, con el turbante en la mano, tratando de ubicar su carroza. A su paso lo aplaudían, lo llamaban por su nombre, le extendían las manos. Él, pese al afán, no perdió la sonrisa.

Jeison GutiérrezRey Momo en la Batalla de Flores.

Tenía que encontrar su lugar, subir y arrancar con la fiesta. Pero en medio de la carrera hubo un momento que lo detuvo.

Un asistente se levantó y le dijo: “Hazlo por Kevin”. Ese nombre lo cambia todo. Kevin es su hijo desaparecido, una ausencia que lo acompaña todos los días. Cuando fue designado Rey Momo, Maury dijo que le dio gracias a Dios por la oportunidad. Y en ese instante, antes de subir a escena, respondió sin dudar: “Claro que sí”.

Ya más tranquilo, habló con EL HERALDO: “Estoy muy feliz, es maravilloso el cariño de la gente. Espero que pasemos un día increíble y agradecerle a todos los Congos que hoy me rendirán homenaje”.

Su carroza lleva por nombre Congo Ancestral. Es un homenaje a la tradición conga, a esa fuerza que vibra en los tambores y en la memoria del barrio. Desde un fondo rojo intenso se levanta la figura del rey congo, rodeado de símbolos, máscaras y figuras que representan fuerza y sabiduría. Las casas de colores recuerdan que esta tradición nace en la calle, en la esquina, en la vida cotidiana.

Más de tres mil Congos lo acompañaban, entre los que se encuentran Congo Grande de Galapa, Perro Negro, Congo Reformado, Congo Tigre de Galapa.

Y por supuesto el Congo Grande de Barranquilla, la danza más antigua de la fiesta y que hace dos décadas lidera Adolfo Maury. No podría ser menor la celebración, pues este año celebran 150 años en la historia de la fiesta.