En Las Llanadas, corregimiento de Corozal, Sucre, el sonido cotidiano no era el de motos ni radios encendidos. Era el de trompetas afinándose, redoblantes probando golpes y un director de banda dando indicaciones en voz alta. Allí nació Ramón Darío Benítez el 1° de diciembre de 1964, en una casa donde la música no era un adorno sino la vida misma.
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Su padre, Rafael Benítez, dirigía la banda Ritmos de Sucre. Su tío, Tomás Benítez, fue fundador de Los Corraleros de Majagual. Los instrumentos estaban regados por la sala como si fueran muebles. Los músicos entraban y salían con naturalidad. Ramón creció viendo bombardinos, trompetas, saxos y tambores como otros niños ven juguetes.
A los 10 años ya era percusionista. A los 12 aprendió trompeta. Después vinieron el saxo barítono y, finalmente, el instrumento que marcaría su destino: el bombardino.
“Yo nací en una casa muy musical. El instrumento que siempre estaba en la casa era la trompeta, porque el bombardino era caro. Yo empecé con la trompeta, pero a mí me gustaba era el bombardino”, recuerda el homenajeado de este año en la Noche de Tambó que se realiza hoy a las 6:00 p. m. en la Plaza de la Paz.
No había dinero para comprar uno, por lo que dependía de la buena voluntad de un músico del pueblo que tenía un bombardino pequeño y me lo prestaba cuando lo necesitaba.
“Ese señor me lo prestaba cada vez que podía. Yo me lo llevaba para la casa y practicaba. Yo creo que Dios me escuchó porque yo siempre quise ese instrumento”.
Adorna la música
Ramón no se enamoró del bombardino por casualidad sino que lo hacía observando a los grandes que llegaban a su casa a tocar con la banda de su papá.
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“Los referentes siempre existieron. Los grandes bombardinistas de la época llegaban a mi casa. Yo escuchaba ese instrumento y me sorprendía la manera como adornaba los temas tradicionales de la banda. El bombardino no es protagonista, es el que embellece con detalles simétricos el porro, la cumbia, el tema tradicional”, detalla Benítez.
Esa función ornamental, casi invisible, fue la que lo sedujo. Y también la que, con el tiempo, empezó a desaparecer.
Cuando Los Corraleros de Majagual dejaron de grabar durante un periodo clave, el bombardino dejó de escucharse en los discos. No desapareció de las bandas, pero perdió presencia en las grabaciones. Ramón investigó ese fenómeno y lo plasmó en un artículo para la International Tuba Association, interesada en conocer la historia del instrumento en Colombia.
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“El bombardino dejó de sonar en los discos. No es que no existiera, es que dejó de ser grabado. Y lo que no se graba, se olvida”.
Extensión del cuerpo
A Ramón, quien ha puesto su música con los más grandes como Juan Piña, Carlos Vives, Jorge Oñate, Diomedes Díaz, y un sinfín más, le han preguntado muchas veces si, después de tocar tantos instrumentos, alguna vez pensó en dejar el bombardino.Su respuesta es inmediata: “El bombardino es una extensión de mi cuerpo. Yo no puedo vivir sin él”.
Cuenta que cuando viaja a su pueblo y no lleva instrumento, lo primero que hace es pedir uno prestado. Se levanta, saluda a su mamá y agarra el bombardino.
“No es porque tenga que estudiar. Es porque hace parte de mi vida. Es una adicción sana”.
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Noche de Tambó
A las 6 de la tarde se abrirán las puertas para que los miles de amantes del folclor entren a disfrutar de la Noche de Tambó, la rueda de cumbia más grande del mundo que será iniciada por la cumbiamba La Poderosa de Simón Bolívar, que junto a su directora Janeth Gamboa serán homenajeados también en este evento. Además tendrán participación de los Gaiteros de San Jacinto y demás agrupaciones invitadas.
“Estoy agradecido con este homenaje. Esta es una cumbiamba que la fundamos 20 días antes de Carnaval y dijimos que ‘si hemos podido hacer tantos vestidos para 20 parejas es porque era La Poderosa’ y de allí nació el nombre”, dijo Janeth Gamboa, actual directora, sobre este reconocimiento.



















