El triunfo imperceptible de la paz en territorios rurales

En municipios donde la guerra era el diario vivir, sus habitantes han empezado a sentir el apoyo del Estado y ahora viven con la esperanza de un futuro mejor.

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Personal de la ONU en Colombia recibe las armas que entregaron los excombatientes de las Farc. Archivo
Política

En municipios donde la guerra era el diario vivir, sus habitantes han empezado a sentir el apoyo del Estado y ahora viven con la esperanza de un futuro mejor.

Ante el creciente pesimismo que se ha venido manifestando en los espacios y medios de comunicación de circulación y consumo urbano, por la demora de la implementación legislativa del Acuerdo del Teatro Colón, es necesario evidenciar que el proceso de fin del conflicto adelantado con las Farc ha venido produciendo unas victorias indiscutibles, especialmente en los territorios rurales afectados directamente por la confrontación armada.

Triunfos que han pasado inadvertidos por el grueso del mundo urbano colombiano, precisamente el que más se opone a la implementación. En parte, por su total desconocimiento del texto del acuerdo o por la desinformación en torno al mismo (posverdad) o el desconocimiento de sus efectos positivos.

La evidencia es destacable: hasta la fecha, 27 municipios de siete departamentos han sido declarados libres de minas antipersonas y en 14 municipios se adelantan labores de desminado, lo que se traduce en bienestar social y económico para estos territorios y sus habitantes.

Unas 135.000 familias que reportan 124.000 hectáreas sembradas con coca han manifestado libremente su voluntad de sustituir sus cultivos, que en caso de ocurrir debilitaría en el mediano y largo plazo el crimen organizado. Debe tenerse en cuenta que la sustitución depende de grandes esfuerzos institucionales que van más allá del acuerdo con las Farc y la voluntad de los cultivadores.

Se formuló un plan nacional para la construcción y mantenimiento de vías terciarias, que se implementará no solo en los 170 municipios priorizados, sino en todas las zonas rurales de país. El presupuesto del programa es de 1,3 billones, liberados de regalías, y ya están disponibles.

Este plan se traducirá en 3.000 kilómetros de vías, que ya está financiado. También hay 16 planes de alcance nacional, de los cuales nueve ya están formulados y siete en elaboración. Son de educación rural, salud, el programa de catastro y de formalización y titulación del fondo de tierras. Esto, indudablemente, producirá desarrollo rural.

En el plano más operativo, hasta septiembre de este año la Oficina del Alto Comisionado para Paz había acreditado a 11.345 integrantes de las extintas Farc-EP de los cuales, 8322 fueron guerrilleros y milicianos activos que llegaron a las 26 zonas y puntos transitorios de normalización.

Estos excombatientes entregaron a las Naciones Unidas 8994 armas, 11.015 granadas, 3.528 minas antipersonas, 4.370 granadas de mortero. Lo que contrasta con las 18.000 armas, muchas caseras o en desuso que entregaron los 31.689 paramilitares que se desmovilizaron durante la administración Uribe o las 280 armas que entregó el M-19 que desmovilizó a 700 militantes.

Según Medicina Legal, mientras que en 2010 se registraron 1.162 muertes por violencia asociada al conflicto armado, esa cifra ha venido bajando sostenidamente año a año: de 938 casos en 2011, 881 en 2012, 639 en 2013, 536 en 2014, 346 en 2015 y 210 en 2016. En términos simples, la reducción ha sido de más del 80% en los últimos siete años.

En el marco del programa Colombia Bio, impulsado por el Gobierno Nacional para conocer la biodiversidad existente en los territorios que eran controlados por las Farc, hasta el momento (se han realizado ocho expediciones de 20 programadas). Se han encontrado 89 especies nuevas, 283 nuevos registros para Colombia, 164 especies en algún grado de conservación, tres especies redescubiertas y 100 especies endémicas.

Además, como he señalado en anteriores oportunidades, muy pocos habitantes de estas regiones ponen en duda los beneficios de la paz. El fin de las acciones armadas ha abierto el territorio nacional. Las comunidades rurales afectadas directamente por la confrontación armada, han podido quitarse el estigma de habitar zonas rojas, han podido dejar el aislamiento de la guerra, no pagan extorsión y no viven con zozobra.

Estas comunidades han empezado a sentir los triunfos de la paz. Por primera en su historia, son consultados sobre sus necesidades y han sido incluidos en la planeación básica de sus territorios, por medio de los Planes de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET), priorizando sus necesidades en la formulación y ejecución de proyectos de Pequeña Infraestructura Comunitaria (PIC).

Por Luis Trejos Rosero - Profesor de Ciencia Política de la Uninorte

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