El Heraldo
Colombia

Víctor Carranza murió sin responder por los delitos imputados

Víctor Carranza"

Víctor Carranza, el campesino que se hizo multimillonario gracias a la explotación de esmeraldas y a quien durante casi toda su vida se lo relacionó con el paramilitarismo sin que nunca recibiera una condena, murió al mediodía de ayer, a los 77 años.

Carranza falleció en la clínica Fundación Santa Fe de Bogotá. Llevaba más de una semana hospitalizado por un cáncer de pulmón, indicó monseñor Héctor Gutiérrez, quien aplicó los santos óleos a Carranza y lo conocía de los años 80.
Con solo ocho años, Carranza dejó su pueblo natal de Guateque y empezó a probar suerte en los ríos aledaños a las minas de esmeraldas para ver si encontraba minúsculas piedras. Tres años después se empleó como minero en Chivor y en 1947 se marchó para Gachalá, una localidad a 63 kilómetros de Bogotá y donde se había descubierto una mina de esmeraldas.

Ahí empezó la leyenda de Víctor Manuel Carranza Niño o del “Zar de las esmeraldas”, según la cual las esmeraldas le hablaban en los socavones para que las sacara. “He sido de buenas, las esmeraldas me llaman”, comentaba .

Pero al tiempo que crecía su prestigio de hombre adinerado y tacaño empedernido, también se hacía fama de hombre violento que no se amilanaba ante nada ni nadie, porque andaba con hombres armados pagados por él.

Entonces empezaron las guerras por el dominio de las minas de esmeraldas y, desde luego, Carranza apareció en primera fila para defender lo que él consideraba suyo.

En el libro “Víctor Carranza, alias El Patrón” (2012) del sacerdote jesuita Javier Giraldo y el legislador izquierdista Iván Cepeda, se dice que entre 1965 y 1990 se libraron tres guerras por el dominio de las esmeraldas. En la primera murieron unas 1.200 personas, en la segunda los muertos se contaron por decenas y en la tercera se calcula que sumaron unos 3.500. Al cabo de 25 años de guerra verde, Carranza salió ileso y fortalecido respecto de sus enemigos.

“El poder mío es que tengo unos pesos, ganados con el sudor de mi frente, trabajados limpiamente. Así se lo he dicho a los paramilitares y a la guerrilla: yo no les suelto un peso porque lo mío es mío”, decía Carranza con eso tono humilde que siempre lo caracterizó y que, incluso, lo hacía ver como a un viejo bonachón.

De la mano de la Iglesia Católica, a finales de los años 80, Carranza lideró un proceso de paz en la zona de esmeraldas de Boyacá.

Firmada la supuesta paz en 1990, Carranza empezó a ampliar sus dominios y miró para las tierras que había comprado unos cinco años antes en Puerto López, a unos 137 kilómetros al sureste de Bogotá. Allí afianzó su fama de paramilitar gracias a Los Carranceros, el ejército de hombres armados que trabajaba para él y que sembraba temor entre la gente.

La noche del 24 de febrero de 1998, después de más de 40 años de estar bajo sospecha, Carranza fue encarcelado por su presunta asociación con el paramilitarismo. La captura se produjo en su lujosa hacienda Cantarranas, en el norte bogotano.

El fiscal general de entonces, Alfonso Gómez Méndez (1997-2001), había tenido en la mira desde inicios de los años 80 a las bandas paramilitares y cuando llegó a la Fiscalía tenía claro que Carranza era uno de sus principales creadores e impulsores.

El exfuncionario sostuvo que para el arresto del esmeraldero contó con muy poca colaboración del ejército y la policía y que aquel fue hecho efectivo por agentes del Cuerpo Técnico de Investigación de la Fiscalía.

Tras su detención, Carranza fue recluido en la sede de la Policía Judicial de Bogotá porque las autoridades sabían que en una cárcel común y corriente podía ser asesinado por sus múltiples enemigos, sobre todo de la guerrilla.

En noviembre de 1998 Carranza fue acusado por los delitos de secuestro y conformación de grupos paramilitares en las regiones colombianas de la Costa Atlántica y los Llanos Orientales.

De inmediato empezó a contratar los servicios de algunos de los mejores abogados del país, entre ellos dos exmagistrados y un magistrado actual de la Corte Suprema de Justicia.

Tras la acusación por parte de la Fiscalía, el proceso contra el ‘Zar de las esmeraldas’ llegó al juzgado presidido por el juez José Reyes Rodríguez.

Cuando estaba a punto de proferir sentencia -condenatoria o absolutoria-, Rodríguez fue separado del caso. Poco después el esmeraldero fue absuelto por otro juez bogotano en una decisión que confirmó meses más tarde el Tribunal Superior de Bogotá.

Termina investigación
El abogado Luis Guillermo Pérez, quien defiende los intereses de algunas de las víctimas del paramilitarismo en el país, señaló que las investigaciones a quien fuera conocido como el ‘Zar’ de las Esmeraldas terminan con su fallecimiento. “No hay lugar a continuar una investigación con la relación de persona responsable que ha fallecido”, indicó el jurista. El abogado dijo que hubo lentitud por parte de las autoridades al no desarrollar los procesos judiciales al esmeraldero por los supuestos nexos con miembros de las autodefensas. Pérez aseguró que aunque existían indagaciones preliminares por la supuesta participación de Carranza en la masacre de Mapiripán y Caño Jabón, en el Meta, se evitó hasta el último día una investigación.

Nombrado en versiones
En versiones libres de agosto de 2010 ante la Fiscalía Quinta de Justicia y Paz, Daniel Rendón Herrera, alias Don Mario; Elkin Casarrubia, alias El Cura, y Dumar de Jesús Guerrero, alias Carecuchillo, dijeron que cuando llegaron al de Meta, en 1997, Carranza presuntamente apoyó a los paras que cometieron las masacres de Mapiripán y Caño Jabón, donde 80 personas fueron asesinadas. Casarrubia, quien fue cabecilla de las AUC de Córdoba y Urabá en los Llanos Orientales, señaló que en una reunión en la finca ‘La 15’, ubicada en el Urabá antioqueño, los hermanos Castaño les explicaron cómo se iba a desarrollar el operativo. Casarrubia también reveló que había una avioneta llamada ‘La Rebeca’, que fue usada para rescatar heridos de las autodefensas.

Por Libardo Cardona
Bogotá

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