El avance de la COVID-19 en el mundo ha dado el pistoletazo de salida para que el personal científico y médico inicie la carrera con el objetivo final de encontrar un medicamento que permita tratar con eficacia a los contagiados por esta pandemia mientras la vacuna aún se encuentra en investigación.
La industria farmacéutica está probando con decenas de terapias diferentes, que van desde fármacos contra la malaria (cloroquina y su derivado la hidroxicloroquina), antiinflamatorios, antivirales, tratamientos de autoinmunidad y de plasma.
Según Thomas Cueni, director de la Federación Internacional de Farmacéuticas (IFPMA), en la actualidad se están investigando cerca de 130 tratamientos contra la COVID-19, de los cuales 77 se basan en medicamentos existentes y el resto son nuevas terapias que se intentan desarrollar.
'Hay que estar atentos de los estudios que vayan saliendo', dijo a EL HERALDO el epidemiólogo Leonardo León Núñez, quien agregó que cada novedad que se publique permite entender un poco más sobre el virus, el tratamiento y la prevención.
El Remdesivir
En EEUU esta semana inicia la práctica del antiviral Remdesivir, que se administra por vía intravenosa, en algunos pacientes en estado grave. Esto se produce luego de que la Casa Blanca diera luz verde a su aplicación, aun cuando estudios apuntan a que su eficiencia no está del todo clara, pese a reflejar una recuperación un 31% más rápida en algunos pacientes al que se les aplicó.
'El Remdesivir es un antiviral que pertenece al grupo de los análogos nucleótidos y puede acortar el tiempo que lleva recuperarse de la infección', señaló Leonardo León Núñez. El uso de esta terapia a pacientes de ébola y de otras enfermedades le sumó condiciones para ser empleado en este caso.
Un total de 1,5 millones de virales fueron donados por la farmacéutica Gilead al Gobierno estadounidense y se comenzará a probar en pacientes que ingresen al sistema hospitalario estadounidense con dificultades para respirar.
Interferón cubano
El interferón saltó a la fama internacional luego de revelarse que las autoridades chinas lo emplearon, en conjunto con otros fármacos, para tratar a sus pacientes con la COVID-19 en su país. El Interferón Alfa 2B, producido por la estatal cubana BioCubaFarma, se emplea en el tratamiento de infecciones virales provocadas por el VIH, el virus del papiloma humano y las hepatitis tipos B y C.
Este fármaco es un compuesto natural que interfiere en la multiplicación viral creando un mecanismo de inhibición en el primer nivel de respuesta del organismo, según han explicado científicos del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB) de la isla, donde fue creado en la segunda mitad de los años ochenta.
El medicamento en el protocolo de tratamiento de 'prácticamente todos' los pacientes que han contraído la enfermedad en la isla caribeña, así como en la población de alto riesgo, como los usuarios de centros de asistencia social, explicó el director de Epidemiología del Ministerio cubano de Salud Pública, Francisco Durán, según reseñó la agencia EFE.
Hidroxicloroquina
Los fármacos contra la malaria y el lupus, la cloroquina y su derivado la hidroxicloroquina también están gozando de popularidad entre los tratamientos que están siendo probados para controlar los diagnósticos por la COVID-19 en el mundo.
Sin embargo, estos medicamentos están siendo objeto de recelo en la comunidad científica por los efectos secundarios que podría generar en los pacientes a los que se les aplica. De hecho, la Administración de Alimentos y Medicamentos de EEUU (FDA, en inglés) recomendó hace dos semanas no emplear estos fármacos en un hospital sin supervisión médica debido a sus efectos adversos.
Un equipo de científicos chinos del departamento de cardiología del Pekin Union Medical College, realizó un estudio en el que establecen los riesgos que tienen para el sistema cardiovascular algunos fármacos, entre los que sobresale la hidroxicloroquina y el interferón.
En la actualidad el Ministerio de Salud avaló el uso de la cloroquina y la hidroxicloroquina en el país. 'Si el médico tratante considera su uso, se debe llegar a consenso al interior de la institución tratante y armonizarse con las recomendaciones de sociedades científicas nacionales', precisó una comunicación de la entidad pública en su página web.
*Con información de EFE
Alerta sanitaria por uso de dióxido de cloro
El Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (Invima) alertó sobre algunas investigaciones clínicas en seres humanos que se estarían realizando con dióxido de cloro como tratamiento para la COVID-19, sin tener autorización. 'A la fecha no se han presentado solicitudes en Colombia ante el Invima para realizar estudios clínicos sobre la seguridad y eficacia del dióxido de cloro en el tratamiento de la COVID-19', señala el Invima con respecto a la denuncia sobre la aplicación del tratamiento a tres pacientes en Bogotá por parte de un médico.
Indica que el dióxido de cloro no es reconocido como medicamento por ninguna agencia sanitaria y no está incluido en norma farmacológica y no existe ninguna solicitud o registro sanitario vigente de algún producto con este principio activo.
La Administración de Alimentos y Drogas de los Estados Unidos (FDA) advirtió que este producto llamado también 'Solución Mineral Milagrosa' produce efectos adversos y no hay evidencia científica de su efectividad.
Técnica ECMO para pacientes en Barranquilla
En la clínica Portoazul de Barranquilla, un grupo de médicos multidisciplinarios lidera el empleo de la técnica ECMO, la cual reemplaza de manera transitoria la función pulmonar. Una técnica consolidada en el mundo, pero que en la actualidad está siendo probada en pacientes de la COVID-19 con dificultades para respirar.
Esta técnica utiliza unas bombas para succionar sangre de los vasos centrales del cuerpo ponerle oxígeno, remover el CO2 y volver a colocar la sangre. Frecuentemente se utiliza en pacientes que al presentar alta complejidad del síndrome de dificultad respiratoria del adulto no responden a la técnica convencional de los ventiladores mecánicos. El doctor Diego Pardo Pinzón, cirujano de tórax, forma parte de este conjunto de médicos que desde hace cinco años manejan el programa ECMO. Cuenta que en Barranquilla se atendió hasta el momento al único paciente de la COVID-19 por esta técnica. 'Había ingresado en otra clínica, pero no respondió a los ventiladores, ahí fue cuando nos llamaron.
Fuimos hasta allá, le aplicamos el ECMO, lo trasladamos a Portoazul donde estuvo ocho días, se recuperó, pasó a la habitación y ya está en casa con su familia'. Según la Organización de Soporte Vital Extracorpóreo (ELSO, en inglés), en el mundo, hasta el momento se han tratado a 703 pacientes de la COVID-19 con esta técnica. De esa cifra, en América Latina se desprenden 17, de los cuales cuatro superaron la enfermedad. La técnica es vista como 'invasiva', por lo cual 'a veces aumenta ampliamente el riesgo del paciente'.





















