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El titulo es:Nuestro futuro y el de un millón de especies

Nuestro futuro y el de un millón de especies

Recientemente se publicó una evaluación global sobre el estado de la diversidad biológica en el mundo. Expertos latinoamericanos lo aterrizaron a nuestro entorno.

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Vultur gryphus o cóndor se encuentra en los listados de peligro crítico de extinción de nuestro país. Shutterstock
Por: Estefanía Fajardo De la Espriella @Estefaniafd

Recientemente se publicó una evaluación global sobre el estado de la diversidad biológica en el mundo. Expertos latinoamericanos lo aterrizaron a nuestro entorno.

¿Un millón de especies? Sí. ¿En el mundo? Sí. ¿Dentro de unas décadas? Sí. Tres ‘sí’ que van de la mano. La Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (Ipbes) reveló en su más reciente evaluación global acerca del estado de la diversidad biológica que al menos un millón de especies de animales y plantas están en vía de extinción. 

¿Deberíamos preocuparnos? Aunque la pregunta se podría leer obvia, es posible que veamos esto como un factor lejano, distante a nuestra realidad en Colombia y América Latina. Un “eso no nos afecta” podría bastar. Pero no. 

El organismo, integrado por 132 países, catalogó la situación como una “declinación peligrosa de la naturaleza sin precedentes” ante la tasa acelerada de extinción de especies. 

“La biodiversidad y las contribuciones de la naturaleza a las personas son nuestro patrimonio común y la ‘red de seguridad’ más importante para la vida de la humanidad. Pero nuestra red de seguridad está casi a punto de romperse”, dijo la profesora Sandra Díaz, de Argentina, que copresidió la evaluación con el profesor Josef Settele (Alemania) y el profesor Eduardo S.

Brondízio (Brasil y Estados Unidos). “La diversidad dentro de las especies, entre las especies y los ecosistemas, así como muchas contribuciones fundamentales que derivamos de la naturaleza, están disminuyendo rápidamente, aunque todavía tenemos los medios para asegurar un futuro sostenible para las personas y el planeta”.

Entonces, ¿desde nuestra ubicación cómo nos afecta y qué podemos hacer? EL HERALDO habló con tres expertos latinoamericanos que hicieron parte de este informe para aterrizar a nuestro entorno este impactante análisis.

Ana María Hernández Salgar, colombiana nombrada esta semana en París, Francia —donde también se dio a conocer el informe— como la nueva presidenta de la Ipbes, asegura que este informe tiene unos mensajes que en principio se leen “y son aterradores”. “Básicamente el 25% de nuestras especies están en peligro y alrededor de un millón de especies ya están confrontando la extinción, pero también hay que tener en cuenta que más del 75% de la superficie de la tierra está siendo significativamente alterada y eso trae una serie de repercusiones”. 

¿Qué puede pasar? “Que a nivel global estemos inundados con plásticos, y lo primero que me dicen es ¿a mí qué me importa si, por ejemplo, en Bogotá yo tengo el mar lejos?”, explica Hernández, también jefe de la oficina de asuntos internacionales y política del Instituto Alexander von Humboldt.  

El problema de este tipo de contaminación que llega a las especies marinas, que se mueren o contaminan, es que después pasan como cadena alimenticia a nosotros. En últimas, el ser humano puede correr la misma suerte al consumir esa especie. 

“Además, si se mueren estas especies también baja nuestra capacidad de seguridad alimentaria. Es una cadena directa de las repercusiones que tenemos si no planteamos acciones que transformen nuestro comportamiento”, responde Hernández. 

Crax alberti o paujil colombiano está en el libro rojo de aves de Colombia.
Crax alberti o paujil colombiano está en el libro rojo de aves de Colombia. Shutterstock

Tejido cerrado

 Para Patricia Balvanera, ecóloga   investigadora del Instituto de Investigaciones en Ecosistemas y Sustentabilidad de la Universidad Autónoma de México, y quien también fue coordinadora del capítulo sobre las causas de la pérdida de diversidad del informe de la Ipbes, es muy importante destacar que Latinoamérica tiene una enorme diversidad biológica y cultural, “hay conocimientos ancestrales acerca del manejo de esta biodiversidad dado que en Latinoamérica se domesticó la papa, el maíz, chile y frijol, por ejemplo”. 

El mensaje más importante, dice, es que todo el tejido de la vida misma en el planeta, y por lo tanto de nuestra vida como humanidad “está en peligro”.

“Es un tejido muy cerrado porque hay una interdependencia muy fuerte entre unas especies y otras, entre una región y otra. De hecho las interdependencias entre regiones se han acentuado a partir de los 70 por la globalización”, sostiene. 

Lucas Garibaldi, doctor en ciencias agropecuarias, director del Instituto de Investigaciones en Recursos Naturales, Agroecología y Desarrollo Rural y docente de la Universidad Nacional de Río Negro, destaca también que es la primera vez en la historia de la humanidad que sucede algo así, porque no es solamente un conjunto de científicos sino todos los gobiernos del mundo que han pedido esta evaluación que han desarrollado por tres años. “Han aprobado, validado y están de acuerdo en las conclusiones, que se refieren también al impacto en la naturaleza del ser humano.  Brinda también posibles soluciones o propuestas para estas”.

Entonces, ¿qué tiene que ver Latinoamérica en esto?

“Latinoamérica sin duda es una de las regiones que más ha perdido biodiversidad en los últimos años y donde la gente está sufriendo fuertemente los problemas de la pérdida de naturaleza en su calidad de vida. La contaminación de las aguas es un ejemplo”, explica Garibaldi. 

Las problemáticas también varían entre países. En algunos, los que están en desarrollo, tienen economías y poblaciones que están creciendo rápido y que las decisiones han sido invertir en la exportación de productos agrícolas, pecuarios, forestales, pesqueros y mineros hacia los países en desarrollo como una fuente de crecimiento económico. 

“En ese sentido estamos satisfaciendo una demanda y generando crecimiento económico, pero lo estamos haciendo de una forma muy acelerada sin tener en cuenta los impactos ambientales”, explica Balvanera. 

La minería, por ejemplo, está teniendo impactos enormes en América Latina en términos de la calidad del agua, del suelo, intoxicaciones, conflictos sociales, entre otros. “Para estos países en desarrollo el reto pasa por encontrar formas de crecer de manera más armónica con la naturaleza y que nos permitan conservar más adecuadamente la enorme biodiversidad que tenemos (...) Definitivamente un crecimiento económico acelerado no es sustentable”, agrega Garibaldi.

Están también los menos desarrollados. En estos países, según el experto, lo que sucede es que se están exportando a ellos los costos del desarrollo, sumándole a esto la pocas o inexistentes regulaciones al impacto de la explotación minera y a actividades industriales contaminantes. 

“Encontramos  en el reporte que los países menos desarrollados tienen hasta cuatro veces más exposición de sus poblaciones a partículas finas en el aire que provocan muchos problemas de salud y si vemos la incidencia de problemas ambientales en general, son los países de menor ingreso y menos desarrollados los más expuestos”, agrega. 

Hernández prefiere dar un ejemplo para explicar la situación. Si a nosotros nos dicen que hay altas tasas de deforestación entonces nosotros decimos ¿cuál es la acción? Lo primero que se dice es que vamos a sembrar árboles. “Esa es una alternativa de solución —que es la convencional—, pero y si yo les dijera que porqué mejor no se ponen a pensar e identificar cuáles son esas causas por las que se genera la deforestación y las atacan. Pueden ser económicas, sociales o de otra índole. Si atacamos las causas de deforestación, ahí sí podemos entrar a reforestar con la seguridad de que no nos van a volver a tumbar los árboles”, asegura. 

Esta evaluación menciona cinco motores clave de pérdida de biodiversidad: el cambio climático, especies exóticas invasoras, el cambio del uso de la tierra debido a sectores de la producción, la explotación de organismos y la contaminación. 

“En ese caso uno se pregunta ¿y yo qué puedo hacer? Hay mensajes esenciales. Dicen que tenemos que aprender a cambiar, a transformarnos, a pensar y actuar diferente. En algunos casos tenemos ejemplos maravillosos de comunidades, estudiantes, movilización social y gubernamental que están trabajando para resolver los problemas en los territorios, pero también es cierto que no estamos atacando las causas todavía como son, y tenemos que darle ese clic a las causas de pérdida de biodiversidad. Además de una voluntad política, también tenemos que actuar pensando diferente”, dice Hernández. 

Como latinoamericanos, agrega Garibaldi, es muy importante el uso que le damos a la tierra. “En muchos de nuestros países la extracción de bienes primarios es la principal fuente de ingresos. Tiene que hacerse de tal forma que no se destruya nuestro planeta, no destruir nuestra casa. Con la pérdida de especies, más allá de la pérdida en sí misma, los principales perjudicados somos los seres humanos”. 

Inia geoffrensis o delfín rosado, una especie en peligro que vemos en Colombia.
Inia geoffrensis o delfín rosado, una especie en peligro que vemos en Colombia. Shutterstock

Para entender

Una forma muy clara de entender cuál es el riesgo de la pérdida de este tejido y la urgencia es cuando pensamos en los arrecifes coralinos, explica Balvanera. Ellos y los organismos que ahí viven son los que están siendo amenazados con las tasas de extinción más acelerados. 

¿Por qué? Porque los arrecifes están siendo destruidos para hacer puertos, rutas navales, hoteles. Están siendo amenazados por la extracción, hay una enorme extracción de especies, por ejemplo el pepino de mar, que es una especie muy apreciada en la cocina asiática. Están siendo amenazados también por el cambio climático, son particularmente sensibles a los cambios en la temperatura del mar, y cuando aumenta por encima de un cierto nivel, los pequeños organismos que viven dentro salen y este muere. “También son muy sensibles a la contaminación, estamos vertiendo una cantidad enorme de nutrientes, nitrógeno, contaminantes de todo tipo, industriales o domésticos, que afectan la calidad del agua, su toxicidad. 

Finalmente, las especies invasoras, que entran y empiezan a comer y destruir algunas especies”. 

En particular los arrecifes están siendo sometidos a todas estas fuerzas al mismo tiempo, lo que crea desbalances entre los mecanismos que regulan su funcionamiento y se están colapsando muy rápido. “Hay porciones enormes de arrecifes que están muriendo  y muchos son irreversibles”, afirma la investigadora mexicana. 

“Nos afecta porque sabemos que ahí viven muchas especies. Muchos hemos visto la belleza que son estos arrecifes, pero también hay millones de personas que viven cotidianamente de una pescar artesanal de todos esos organismos que viven ahí. Estos son además las ‘guarderías’ del mar, los que resguardan las etapas tempranas de los peces que luego son importantes para la pesca comercial. Los impactos de la pérdida de arrecifes coralinos son enormes en términos económicos, de la capacidad de sostener a  millones de personas que hacen pesca artesanal y también industrial”. 

Lo que nos está diciendo esta evaluación también es que aunque hay potencialidad de pérdida, no solo de biodiversidad sino de cultura, porque si no hay territorio, no hay expresiones culturales, especialmente nuestros pueblos indígenas. “Pero si cambiamos y tenemos este enfoque transformativo y empezamos a pensar y en articularnos en acciones para evitar los procesos de pérdida de biodiversidad vemos una luz al final del túnel. Entonces no todo está perdido”, es la luz de esperanza que brinda la colombiana Hernández. 

Tal vez lo que hay que hacer a nivel local y a nivel de ciudad y de región, propone, es identificar las principales problemáticas que tienen —que esas están muy bien diagnosticadas— y sobre eso trabajar también en ver con las capacidades que cada uno tiene, cómo puede aportar a que esas problemáticas empiecen a reducirse. 

“Si la problemática tiene que ver también con los mercados, tenemos que hablar de consumo y producción sostenible. Si como individuo sé que estoy comprando y a la semana o al mes estoy botando la mitad a la basura porque se pudrió, ahí básicamente estoy siendo un consumidor irresponsable. Si aprendo a tener patrones de consumo, lo que necesito y soy sostenible, eso nos ayuda a aliviar enormemente los procesos de pérdida acelerada de biodiversidad que están directamente asociados con la producción alimentaria”. 

Ante esto, Garibaldi afirma que todos podemos cambiar cosas y mejorar la situación. “Esto no es algo que sea solo de otras personas, es de todos, vivamos en ciudades o campos, seamos políticos o no. Podemos generar acciones, cuidar nuestro planeta, nuestra casa, para vivir mejor”.

“Está ocurriendo la pérdida de especies en una tasa nunca antes vista en la humanidad. Falta mucho. Faltan muchos cambios a realizar y esos están plasmados en el informe”. 

El informe

“Es un proceso muy arduo”, dice Balvanera al ser preguntada por la realización de este análisis. Implica una coordinación con el equipo de autores, con coautores externos. Los textos salen dos veces para revisión a miles de revisores y la última vez a los gobiernos, son cerca de 15 mil fuentes científicas. “Colaboramos de forma directa o indirecta ceca de 3 mil personas en estos tres años”, agrega. 

Hernández señala que a nivel regional hicieron lo mismo que se hizo a nivel global, unas evaluaciones específicas para las Américas. “Cerca de una cuarta parte de las 14 mil especies de los grupos que están identificados se encuentran en riesgo de extinción, o, por ejemplo, también se dice que tenemos que asegurar los procesos de diversidad cultural en un continente que es pluricultural. Todos estos temas que vamos sacando, que están también asociados a cómo gestionamos los procesos normativos y políticos no llegan a ningún puerto si no tenemos como base la educación y la generación de capacidad”.

Por lo anterior, el mensaje también va a que es importante que entendamos que no todo es plata y no todo es gobierno. 

“Si nosotros nos sentamos con los problemas en mano a esperar que los gobiernos nos resuelvan, no estamos siendo agentes de cambio. Necesitamos ser agentes para revertir los procesos sistemáticos de pérdidas, para así poder llegar al 2050 y decir que salvamos al planeta y también nos salvamos nosotros mismos”. 

Radiografía

Colombia

Ana María Hernández Salgar, colombiana presidenta de la Ipbes, explica que en Colombia se inició una evaluación nacional en el marco de la metodología y el marco conceptual de la plataforma intergubernamental. 

“Estamos esperando que a finales de este año nos entreguen esta radiografía tan importante, no solo del estado de la biodiversidad y las tendencias, sino también de los escenarios de cambio de las alternativas con las que podríamos empezar a movernos, tanto en nuestras decisiones desde lo político como también desde lo social, económico y cultural”.

Chelonia mydas o tortuga verde, una de las especies marinas amenazadas.
Chelonia mydas o tortuga verde, una de las especies marinas amenazadas. Shutterstock

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