El Heraldo
Barranquilla

Familia damnificada por el invierno recibe un regalo de Dios

Monseñor Jairo Jaramillo Monsalve, con la familia Escobar Zambrano en la nueva casa.

Claudia Escobar tiene 28 años, dos hijas pequeñas por las que ha luchado y enfrentado muchas adversidades, ya que como madre soltera la responsabilidad de las menores recae completamente sobre ella. Claudia, junto a sus hijas, Daniela y Misyeinis de 10 y 5 años, comparten el mismo techo con el abuelo, Osvaldo Escobar y con sus hermanos Osvaldo y Johana, todos vivían hacinados en un estrecho espacio de 3x3 en el populoso barrio Carrizal.

En la temporada invernal del año 2011 la familia Escobar Zambrano que ya vivía bajo presiones económicas sufre un nuevo revés, la pequeña vivienda en donde dormían estas seis personas fue arrasada por la fuerza de las lluvias.

Fue una mañana fría y gris del mes de octubre a las 6:00 a.m. cuando Claudia se alistaba para irse al trabajo y el techo de la humilde vivienda comenzó a menguar. Claudia recuerda que llovía a cántaros, que su padre se estaba cepillando los dientes y ella se alistaba como todos los días a esa misma hora. “De repente me di cuenta que el techo se estaba como cayendo, yo estaba saliendo de la casa y me devolví por las niñas. De repente se cayó medio techo y media paredilla. Por poco nos cae encima”, recuerda

Claudia 2 años después con una sonrisa amplia que le ilumina el rostro y un fulgor en sus ojos que traduce felicidad. Claudia ayer estaba sentada en uno de los muebles de su nuevo negocio, el salón de belleza llamado Clau Estilo, una de las bendiciones que llegó a su vida luego de haber padecido muchas dificultades y de haber experimentado el lado amargo de la vida. Después de quedar prácticamente en la calle con los suyos ya que la visita de las recias lluvias por poco arrasan con todo, incluso con sus sueños colectivos, para Claudia y su núcleo familiar llegaría una luz en el camino, un soplo de esperanza; y ayer para todos ellos fue un día memorable.

Gracias a los recursos provenientes de la colecta cuaresmal que adelanta anualmente la Iglesia católica en el Atlántico, llamada Comunicación Cristiana de Bienes, y el acompañamiento de Pastoral Social, esta familia cuenta hoy con una casa completamente nueva: más amplia, muy bien acabada, espaciosa y con una bonita fachada que los llena de orgullo.

Una casa que recibió la bendición de monseñor Jairo Jaramillo Monsalve y que vino con ‘ñapa’ como la misma Claudia lo sostiene. “Es que la casa la construyeron con el negocio y todo, con ‘ñapita’”, repetía llena de alborozo.

El arzobispo de Barranquilla, monseñor Jairo Jaramillo Monsalve, al momento de la bendición de la vivienda mencionó que la importancia de la donación a esta familia damnificada radica en el acompañamiento psicosocial que el Secretariado de Pastoral Social ha venido realizando, aunado a la permanente asesoría de manejo administrativo de la microempresa que fue donada junto a la vivienda.

Claudia todavía recuerda cuando le tocaba trabajar duro como empleada del servicio, cuando las dificultades la agobiaban hasta que en la parte más oscura del túnel halló una luz de esperanza.

“Yo no olvidó las palabras que me dijo el padre Fidel el día en que lo conocí. Yo estaba llorando en el jardín del colegio donde estudian mis hijas, por toda la situación de nosotros, ese día el padre me dijo estas palabras, ‘para poder hacer algo por ti y por los tuyos, tienes que aprender un arte, estudiar, prepararte’. Mire, la Pastaral Social me llevó al Instituto Técnico Carl Ros, ellos me ayudaron a entrar allá y comencé a estudiar Belleza y Peluquería, luego de tres meses ya trabajaba con ellos allá y me gané una beca”, recordó esta humilde mujer que mira con orgullo a su alrededor y aún le resulta imposible creer que los sueños se pueden hacer realidad. “Le pedía a Dios una casita aunque fuera pequeñita para estar tranquila con mis hijas y mire, Dios me dio una casa grande y con negocio.

La Verdad es que Dios tarda pero no olvida, y si se le pide con fe y con el corazón, te concede las cosas. Mi vida cambio totalmente”, dijo Claudia feliz, bajo la protección de un inmueble que levantarlo de nuevo y con un negocio, costó cerca de 30 millones de pesos. Una vivienda totalmente nueva de la que hoy disfrutan gracias a la fe, como la misma familia lo pregona a los cuatro vientos.

“La razón de nosotros es ayudar a los más pobres y necesitados. Esta casa la arrasó un tornado en el 2011 y la familia quedó prácticamente en la calle. En ese entonces yo todavía no estaba como Director del Secretariado de Pastoral Social y trabajaba como psicólogo del colegio donde estudian sus hijas. Hicimos colectas y les prestamos ayudas. Cuando yo entré a Pastoral Social la familia ya se había dirigido a la Arquidiócesis pidiendo colaboración. Inmediatamente, el Arzobispo autorizó que miráramos el caso y evaluáramos”, recordó el presbítero Fidel Iglesias, hoy Director del Secretariado de Pastoral Social.

Cuenta el Padre que con un grupo de ingenieros, arquitectos, trabajadores sociales y todo un equipo integral, se comenzó un proceso psicológico, de formación y complementario con la familia.

“Este proceso duró 11 meses. Con ellos se emprendió un proceso de formación, apoyo psicológico que concluyó en la recuperación total de la casa, en la entrega de este negocio y en la recuperación emocional y económica de la familia. 145 parroquias se unieron a esta obra”, aseguró el presbítero.

“Yo los encontré viviendo en unas condiciones muy difíciles y fue muy agradable asistir a todo este proceso de cambios para finalmente encontrarse con esta bonita obra terminada”, dijo Carmen Sofía Nieto, la ingeniera a cargo de la obra.

“Le doy gracias a Dios, a la Arquidiócesis, a Pastoral Social. La Verdad es que yo trabajo la tapicería y no tengo un trabajo así fijo y con lo poco que gano nunca hubiera podido tener una casita así como esta”, afirmó Osvaldo Escobar, padre de Claudia.

En el barrio Carrizal, esta casa de color blanco impoluto, que hoy se destaca en toda la cuadra irradiando cierta luz particular que habla de esperanza, de cambios, de fe, de renovación, una casa que fue levantada sobre los escombros de lo que el agua y el viento alguna vez se llevaron.

Por Carlos Polo

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