El lamentable saldo de una persona muerta y 28 heridas que dejaron las corralejas de Sabanalarga, realizadas desde el jueves hasta el pasado lunes, revivieron la polémica sobre la falta de control y reglamentación en estos eventos taurinos, que históricamente han cobrado muchas vidas en el departamento del Atlántico.
La víctima fatal más reciente fue Rafael Eduardo Estrada Quintero, de 23 años, quien el último día de las fiestas patronales fue corneado por ‘Pistola’, un toro que se ha hecho famoso por haber matado a varios hombres que lo han retado en la arena, en diferentes poblaciones de la Costa Caribe colombiana.
Nidia Isabel Quintero, madre del joven, lamenta no haberlo acompañado el lunes a las corralejas, como lo había hecho el sábado y el domingo. 'Los días que fue conmigo yo lo cuidé, no permití que se acercara a esos animales. Él no estaba tomado, porque nunca le gustó el trago, y tampoco les hacía morisqueta a los toros. Su muerte fue un accidente', dice entre sollozos.
Testigos del hecho cuentan que Rafael, llamado cariñosamente ‘El Niño’, salió a la arena hacia las 5 p.m., cuando el temible ‘Pistola’ había sido amarrado para sacarlo del ruedo, pero repentinamente este se le abalanzó y logró asestarle una mortal herida con uno de sus filosos cachos, el cual le entró por el cuello y le salió por un pómulo.
De inmediato, el joven, quien trabajaba como jornalero en una finca de Manatí, fue trasladado a la Clínica San Rafael, de donde, según su madre, lo remitieron al Hospital Departamental de Sabanalarga porque no contaban con los equipos médicos necesarios para atenderlo. En ese último centro asistencial le brindaron los primeros auxilios y lo enviaron en una ambulancia a la E.S.E. Cari de alta complejidad en Barranquilla.
Allí murió 15 minutos después de haber ingresado. Personal médico informó que la víctima presentaba una herida en el cuello, trauma craneoencefálico y otorragia (hemorragia a través del conducto externo del oído).
'¡Las corralejas lo único que dejan son desgracias, deberían prohibirlas!', sugiere enérgicamente Nidia Isabel, mientras varios familiares intentan consolarla en su casa, ubicada en la carrera 20 No. 19-28, barrio Sabanita del Cementerio.
La polémica. Al igual que ella, muchos sabanalargueros opinan que las fiestas patronales, en honor a la Virgen de las Mercedes, se deberían celebrar sin corralejas, pero otros consideran que 'fiestas sin toros no son fiestas'.
Sobre este tema, el secretario del Interior del Atlántico, Jaime Berdugo Pérez, explica que la sentencia C-666 de 2010 de la Corte Constitucional protege la práctica de actividades como las corridas de toros, las peleas de gallos, las corralejas y el coleo en las poblaciones donde se hayan venido realizando históricamente, es decir, cuando se trate de una tradición cultural.
'Como servidor público, independientemente de mi opinión personal, yo me tengo que atener a lo que dice la Constitución y la ley. Mientras haya una sentencia de la Corte Constitucional que permite esta celebración en ciertos municipios, no me puedo oponer a que se haga'.
Lo que sí se puede hacer —señala— es reglamentar el montaje y la operación de las corralejas en el Departamento, con el fin de generar una cultura de prevención del riesgo que brinde una mayor seguridad tanto para los espectadores como para quienes ingresan al ruedo. Así está contemplado en un proyecto de ordenanza que será presentado a la Asamblea la próxima semana.
Entre las medidas que pretende implementar la Gobernación está la práctica de pruebas de alcoholemia para evitar que personas en estado de embriaguez entren a la arena y expongan sus vidas, como usualmente ocurre en estas fiestas, que el año pasado dejaron dos muertos en Sabanalarga.
Además, se ordenaría la instalación de mínimo dos salidas de emergencia y señalizaciones, prohibición del ingreso de bebidas en botellas de vidrio, verificación de la estructura y revisión previa de la póliza de garantía que deben firmar los organizadores.
Sin embargo, algunos habitantes del municipio desde ya se muestran inconformes con la reglamentación anunciada. 'Corralejas sin sangre no son corralejas', sostiene fríamente Javier Manga Peña, de 28 años, quien resultó herido el segundo día de las fiestas patronales, cuando ingresó ebrio al ruedo.
A pesar de que fue corneado tres veces en el brazo derecho y en una ocasión anterior un toro le fracturó la clavícula, el osado joven asegura que el año entrante también retará a la muerte en la arena. ¿Habrá controles en las próximas corralejas?
Por Víctor Ovalle Gil


