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Inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, el mundo tuvo que enfrentarse a los horrores revelados del Holocausto. En medio de ese panorama desolador, al psiquiatra del ejército estadounidense Douglas Kelley se le asignó la tarea extraordinaria de evaluar el estado mental de Hermann Göring, el famoso exmariscal del Reich y segundo al mando de Adolf Hitler, junto con otros altos cargos nazis.

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Esta premisa marca el inicio de Nuremberg: El juicio final, una cinta dirigida por James Vanderbilt que aborda el duelo psicológico que se desata entre Kelley y Göring. El carisma y la astucia del líder nazi revelan una verdad bastante cruda, mostrando que una persona común y corriente puede cometer un mal extraordinario.

Llevar esta trama a la gran pantalla fue un reto enorme para Vanderbilt, quien ofició como director y guionista basándose en el libro del autor Jack El-Hai y en los escritos del propio psiquiatra estadounidense.

“Diría que escribir Nuremberg: El juicio final fue particularmente complicado, ya que la historia seguía creciendo a medida que trabajaba en ella”.

Inicialmente, el realizador pensó que la película giraría enteramente en torno a dos hombres encerrados en una celda. Todo cambió cuando comenzó a investigar sobre los juicios propiamente dichos y el alcance se amplió para incluir los esfuerzos del fiscal general de los Estados Unidos, el juez Robert H. Jackson, por sentar las bases del Tribunal Militar Internacional. A pesar de la densidad de estos eventos, Vanderbilt buscó crear una versión accesible para el público masivo.

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“No quería que pareciera una medicina. Quería que fuera entretenida. Si bien aborda temas muy serios, una cucharada de azúcar ayuda a pasar la medicina”.

Scott Garfield/Cortesía Diamonds Films Colombia

Atracción en el horror

Para dar vida al complejo líder nazi, la producción confió en el talento del ganador del Óscar Russell Crowe. El actor neozelandés se sintió atraído por el reto de explorar la humanidad y la inhumanidad de un personaje tan oscuro.

“En general, lo que me atrae es lo que me aterroriza”, afirma Crowe sobre su decisión de aceptar el papel. “El guion me cautivó de inmediato, aunque, curiosamente, también quedé emocionalmente agotado. ¿Cómo podría siquiera intentar interpretar a ese tipo? Cuando surge ese tipo de interrogante, suele tratarse de algo que me atrae”.

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Crowe dedicó los años que duró el desarrollo del proyecto a investigar sobre Göring y los juicios. Durante ese tiempo de lectura profunda, descubrió detalles sobre la educación de clase media alta del joven alemán y su posterior ascenso como héroe de aviación de la Primera Guerra Mundial.

El actor entendió que Göring era un líder que generaba gran atracción entre la gente, un factor clave que llamó la atención del propio Hitler en los inicios del movimiento. Frente a las cámaras, Crowe buscó reflejar la perturbadora capacidad del nazi para racionalizar la brutalidad más extrema.

“Hay una línea en la película en la que Göring dice que incluso su antisemitismo tenía un propósito práctico”, comparte el protagonista de Gladiador. Para el intérprete, la distancia que hay que tomar de la propia humanidad para pronunciar esas palabras es asombrosa, dejando al descubierto una tremenda insensibilidad ante el horror. El actor confiesa que durante la filmación estuvo habitando un lugar emocional en el que no se sentía muy feliz consigo mismo por la pesadez del rol.

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Cortesía Diamonds Films Colombia

Lucha ante Malek

Frente a Crowe se encuentra Rami Malek, también ganador de un Óscar por su trabajo en Bohemian Rhapsody, interpretando al teniente coronel Douglas Kelley. La elección de Malek aportó la energía necesaria para encarnar a un psiquiatra muy particular. Kelley era un científico y mago aficionado, un hombre con una curiosidad innata que en ocasiones funcionaba de manera tan obsesiva como el narcisismo de su famoso paciente.

El personaje se da cuenta rápidamente de que tiene ante sí una oportunidad histórica de primer nivel al evaluar a estos prisioneros de guerra. Malek se sumergió en el proceso de investigación consiguiendo una copia del libro original de Kelley, titulado 22 Cells at Nuremberg, el cual llevaba décadas agotado en las librerías.

El actor elogió ampliamente el tono conseguido por el director. “Al leer este guion, sentí exactamente lo que espero que sienta el público cuando salga del cine: una sensación de ‘¿cómo no sabía esto?’”.

Las escenas compartidas entre ambos actores en la estrecha celda de la prisión construyeron una dinámica asfixiante y cargada de tensión. “Russell era un adversario formidable”, confiesa Malek. La proximidad física durante las jornadas de rodaje obligó a los intérpretes a actuar bajo una fuerte sensación de claustrofobia real.

Scott Garfield/Cortesía Diamonds Films Colombia

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Siguiendo un consejo de actuación previo del fallecido Philip Seymour Hoffman, Malek intentó en ciertos momentos hacer que su compañero de reparto se sintiera lo más incómodo posible. El objetivo era lograr que Göring sintiera de alguna manera el peso de sus atroces actos y rompiera sus barreras.

La cinta se complementa con un reparto de apoyo de primer nivel que incluye a Michael Shannon interpretando al inflexible fiscal Robert H. Jackson y a talentos como Leo Woodall en el papel del sargento Howie Triest y Colin Hanks encarnando a Gustave Gilbert. El productor del filme, Fischer, resume la esencia del largometraje señalando la fuerte manipulación mutua entre los protagonistas. Kelley estaba fascinado por este hombre, y Göring aprovechó esa misma curiosidad profesional para su propio beneficio.

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