No es que al presidente Petro le salga todo mal. Ni que a Petro no lo han dejado gobernar. No, realmente se trata de un Petro que no sabe gobernar, de un gobierno que desde un principio se rodeó de malandrines, ineptos y principalmente de un mandatario que adolece de coherencia, sindéresis y acierto en sus decisiones, circunstancias gravísimas para cualquier persona, pero severamente censurables en un presidente.

1. Un cambio que no fue: Más de 10 millones de colombianos votaron por el presidente Petro añorando un cambio en la forma de gobernar: más de cara al mundo, transparente, beneficiosa de la mayoría de los excluidos y orientada a unir la nación en torno a la solución de la brecha social, que hacen de Colombia uno de los países más desiguales del mundo.

La promesa de campaña de Petro en cuanto a la adopción de políticas públicas para el cambio no se avizora en los próximos dos años que le faltan a su gobierno. Culpar al congreso y a la oposición, más que justificar el fracaso de sus dos años en el poder, desnuda su total incapacidad de liderazgo para tender puentes de gobernanza entre el ejecutivo y legislativo, elemento esencial de todo gobierno en democracia.

2. Un cambio contra la corrupción frustrado: Colombia ha sido saqueada históricamente, la corrupción administrativa resulta endémica, los escándalos por corrupción han estado presentes en todos los gobiernos, malas prácticas y conductas delictivas, no han sido la excepción en el gobierno de Petro.

Para frustración general de 50 millones de colombianos, particularmente para desencanto de sus más de 10 millones de votantes, si hay un aspecto que se le tiene que abonar al presidente Petro es haber logrado tempranamente aglutinar en su gobierno una caterva de bandidos e ineptos, dando al traste con el sueño común de todos los colombianos de tener un gobierno transparente.

3. Un cambio hacia la socialdemocracia (Izquierda) perdido: No hay duda, el espectro político encarnado por el presidente Petro, debido a su pésimo gobierno, no permitirá que la socialdemocracia (Izquierda), vuelva a gobernar en el inmediato futuro. Pues es claro que hasta quienes votaron por él sienten que éste engañó sus propios ideales.

4. Un cambio absurdo de la mano con la clase política y costumbres tradicionales. El presidente Petro ha sido incoherente con lo que piensa, dice y hace. Del congresista paladín que durante décadas combatió la corrupción no queda nada. Hoy es vivo ejemplo de lo que criticaba, mostrando la más brutal incoherencia, rodeó su gobierno de los peores políticos y de las más deleznables prácticas corruptas tradicionales, justificado bajo la mampara común de sus antecesores, de que: “todo ha sido sus espaldas”. ¡Todo cambió para fiasco!