Nuestro país padece en estos tiempos de muchas facetas negativas dentro de una caneca donde se asentaría la quiebra fiscal y la de la prestación de la salud, el olvido de las regiones por parte del ejecutivo nacional, la desastrosa relación con otros países sacrificando respeto diplomático de muchos años, obras públicas paralizadas especialmente carreteras y energía, en fin, apenas estas menciones porque en el espacio que tenemos no caben todas. Pero lo peor de este gobierno, el fracaso absoluto, la inoperancia total, se encuentra fácil en la inseguridad del pueblo, la alteración crítica del orden público y esa fatal corrupción en el 90% de los rincones ejecutivos, lo que por todo ello podemos afirmar sin contemplaciones: que son las dos grandes tragedias que estamos viviendo.
El expresidente de Colombia fallecido Julio César Turbay Ayala dijo en un discurso en Barranquilla en 1977 en el Hotel del Prado “La mayor catástrofe que puede vivir un país es la corrupción de quienes gobiernan y la inseguridad con alteración del orden público”. Los colombianos hoy lo estamos padeciendo y los errores comenzaron desde el principio con esta fatalidad: llamar como colaboradores del Presidente a sus compañeros antiguos militantes del M-19 y colocarlos como ministros, cabezas de altos institutos descentralizados, altos cargos en la diplomacia y asesorías trascendentales. Eran personas sin costumbres ni mentalidad ética, sin moral, en cuyo cerebro todo método es válido, hasta asesinar magistrados de la Corte Suprema en el asalto al Palacio de Justicia. Ahí está el resultado, toda Colombia lo vive, la corrupción invadió todos los espacios y oficinas oficiales.
Y en cuanto al orden público y la inseguridad ciudadana un repaso a estos cuatro años de gobierno destrozaron lo poco que habíamos avanzado. Desde la reorganización múltiple de los cultivos de cocaína hasta los espantosos estallidos sociales como los recientes en el Cauca y Valle del Cauca con múltiples vidas fallecidas de inocentes masacrados. Todo ello sin unas Fuerzas Armadas equipadas y encerradas sin operar porque había una paz total donde el delito se reorganizó en estrategias y armas. Esto lo está comprobando el paso de los días con la llegada a las cárceles de decenas de bandidos ante la reacción de última hora. Aterrizar a una realidad bárbara, el país está incendiado. Afortunadamente tenemos unas Cortes de Justicia ejemplares, una Procuraduría y Contraloría centradas en su deber que no se ha corrompido gracias a Dios y que son las columnas que nos sostienen en este caos. Cuánta razón tenía el expresidente Turbay Ayala hace años y que estamos viviendo en esta hecatombe que nos está martirizando.







