P.: ¿Qué quiere decir ‘ah vaina’? T. W., B/quilla.
R.: La palabra ‘vaina’ es una de las llamadas ‘comodines’, de significados flexibles, que hacen parte del habla coloquial y se usan para referirse a una situación determinada o a objetos reales o abstractos. De ella y de sus diferentes acepciones se han ocupado varios escritores, entre ellos don Antonio Celia Cozzarelli en una de sus columnas de EL HERALDO de agosto del 2015. ‘Ah vaina’ es interjección de aprobación a una persona o a una institución o de aplauso a una realidad: “Carlos se levantó tremenda hembra, ¡ah vaina!”. “El alcalde de la ciudad fue el mejor calificado, ¡ah vaina!”. También sirve para expresar que alguien está molestando: “De nuevo con tu necedad, ah vaina”, o para lamentarse: “Ah vaina, no puedo creer en tanta mala suerte”.
P.: ¿Qué es perrenque? No está en el Diccionario de la lengua española (DLE). Ancízar Páez, B/quilla.
R.: En efecto, perrenque no está en el DLE, y su origen, desconocido, debe de hallarse en el habla popular. En ciertos países del ámbito hispánico, incluida, por supuesto, España, se emplea con el significado de desvanecimiento, desmayo, patatús, síncope. En la Costa Caribe colombiana y en áreas del suroccidente del país significa fuerza, potencia física, intensidad, vigor, energía: “Luis tiene perrenque: él solo movió esa gran piedra”. Además, en nuestro país perrenque también tiene la connotación de arrojo, valor, coraje, resolución y fortaleza de ánimo ante situaciones desfavorables: “La viuda sacó adelante a sus hijos gracias a su perrenque”. “Se quebró, pero pronto se recuperó: es un trabajador de perrenque”.
P.: Topé con la palabra ‘calambur’. ¿De dónde viene y qué es? El Cid, B/quilla.
R.: Calambur viene del francés calembour, y traduce ‘juego de palabras’; otros dicen que del italiano calamo burlare (bromear con la pluma). Es una diversión que consiste en trocar el significado de una frase en otro muy distinto con solo variar la ubicación de las palabras o con solo cambiar de lugar los espacios que las separan, esto es, con solo reagrupar de otra manera las sílabas que de la frase hacen parte. Ejemplos: “Mi comandante / Mico mandante”. “Ave César de Roma / A veces arde Roma”. “El sida no tiene cura. / El cura no tiene sida”. Uno de los calambures más célebres es el atribuido al gran poeta del Siglo de Oro español, Francisco de Quevedo, de quien se dice que apostó a que se burlaría de la reina Mariana de Austria, esposa del rey de España Felipe IV, que era coja. Ya frente a ella, Quevedo, portando dos ramos de flores, le dijo: “Entre el clavel y la rosa, su majestad escoja (es coja)”. Creo que la anécdota no es cierta, porque tal ofensa a la soberana no es creíble en un súbdito español de la época (siglos XVI y XVII) por el respeto reverencial que infundían los monarcas; más bien, digamos que el calambur se le atribuyó a Quevedo dados sus juegos de ingenio y su famosa irreverencia.
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