¿Hizo el Banco Mundial un giro de 180 grados? A primera vista, su nuevo informe Industrial Policy for Development parecería una rendición del viejo “Consenso de Washington”. Durante décadas, la receta fue clara: disciplina macroeconómica, apertura y dejar que el mercado asignara recursos. Hoy, el propio Banco Mundial publica una guía sobre cómo intervenir.

Pero la realidad es menos dramática. Como advierte The Economist, más que un cambio de doctrina hay un cambio de tono. El informe no celebra el intervencionismo; lo tolera. Parte de un hecho incómodo: todos los países ya hacen política industrial. La discusión dejó de ser si intervenir o no, y pasó a ser cómo hacerlo sin repetir los errores del pasado.

El mensaje central es pragmático. No todas las políticas industriales son iguales. El Banco distingue entre “incentivos de mercado” —subsidios, aranceles, contenido local— y “bienes públicos” —infraestructura, formación de talento, acceso a mercados—. Los primeros son costosos, distorsionan precios y requieren alta capacidad estatal. Los segundos son más efectivos, menos riesgosos y, en realidad, bastante convencionales.

Aquí no hay nostalgia por la sustitución de importaciones. Por el contrario, persiste una advertencia clara: proteger industrias puede terminar aislándolas de cadenas globales y debilitando su competitividad.

Entonces, ¿qué cambió? Según Indermit Gill, economista jefe del Banco Mundial, no fue la ideología sino el contexto. Hoy los países tienen más capacidad técnica, mercados más grandes y mayor espacio fiscal. Eso abre la puerta a intervenciones más sofisticadas, siempre que sean selectivas, temporales y disciplinadas por resultados.

El informe introduce tres criterios clave para no equivocarse: tamaño de mercado, capacidad institucional y espacio fiscal. Sin estos, la política industrial puede convertirse en un subsidio permanente a sectores ineficientes. Con ellos, puede ayudar a diversificar la economía, generar empleo y acelerar el crecimiento.

Para Colombia —y particularmente para el Caribe— la lección es clara. La discusión no debería centrarse en “escoger ganadores”, sino en crear condiciones para que surjan. Parques industriales bien ubicados, formación pertinente y mejor conexión a mercados internacionales probablemente harán más por la competitividad que cualquier esquema de protección.

En últimas, la política industrial no es ni herejía ni panacea. Es una herramienta. Como todas, su valor depende de cómo se use. El Banco Mundial no cambió de principios: simplemente reconoció que, en un mundo más complejo, gobernar también exige más pragmatismo que dogma.

@RPlataSarabia